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13 de diciembre de 2013

El dilema del tren




El dilema clásico del tren plantea la siguiente situación:

Un tren se dirige por una vía directamente a arrollar a cinco personas. Pero nosotros tenemos la posibilidad de evitar que esto suceda cambiando la dirección de la vía. Lo que ocurre es que al hacerlo causaríamos que el tren arrollara a una persona que está en la otra dirección.

Hay otras versiones del dilema pero me atendré a la formulación clásica.

¿Cuál sería mi respuesta ante ese dilema?

Si tengo que ajustarme a las reglas estrictas del dilema entonces lo que yo haría es no desviar el tren. ¿Por qué? Porque si lo desvío seré responsable de haber asesinado a una persona inocente que de no ser por mi acción seguiría viva. En cambio, si el tren sigue su curso el responsable del asesinato de cinco personas será solamente aquél que ha provocado que ocurra ese accidente. 

He advertido que quienes afirman que deberíamos desviar el tren suelen alegar principalmente dos argumentos: que las vidas de cinco [5] personas valen más que la de una [1] y que si no desviamos el tren entonces somos responsables de la muerte de esas cinco personas por no haberlo evitado pudiendo hacerlo. Creo que esos dos argumentos son intrínsecamente erróneos.

Cada persona, por el hecho de ser persona, tiene el mismo valor moral intrínseco que cualquier otra. Así que no se pueden "sumar" personas como si fueran números. Cinco [5] tiene mayor valor matemático que uno [1]; pero no tiene mayor valor moral. Las personas no son números; son individuos que poseen un valor inherente que no puede ser violado para nuestro beneficio o para beneficio de otros. El principio del valor intrínseco de la persona es la base de la moral.

Si cada persona tiene un valor intrínseco que debemos respetar entonces no la podemos utilizar como un simple medio para satisfacer nuestros deseos o los de otros. Si decides accionar la palanca estás usando a una persona –la víctima– como un medio para beneficiar a otros.

La idea de que podemos usar a las personas como si fueran simples medios se basa en un criterio utilitarista. Este criterio sirve igualmente para sostener la explotación y la esclavitud.

El caso sería diferente si se tratara de evitar que alguien me asesinara a mí u otras personas. Defenderse de un agresor no significa tratarlo como un medio para los fines de otros sino que consiste simplemente aplicar el legítimo derecho de autodefensa.

Defendernos de un ataque en ningún caso significa utilizar al agresor para conseguir un fin. Ni lo estamos utilizando —instrumentalizando— ni tampoco le estamos sometiendo a ningún fin. Un derecho moral no es un fin —un objetivo— sino un principio de respeto basado en la igualdad.

Por otra parte, si fuera cierto, como afirman algunos, que el hecho de no actuar significa ser "autor" de las muertes producidas, entonces al decidir desviar el tren seríamos igualmente autores de un crimen. En ese punto no habría ninguna diferencia. Así que no sería una objeción válida porque no plantea ninguna diferencia en este punto –autoría– respecto de ambas opciones.

De todos modos, la idea de que no actuar es equivalente a actuar resulta lógicamente absurda porque el no-ser no equivale al ser. La idea es tan absurda como decir que ser hombre es lo mismo que no ser hombre o que comer manzanas es lo mismo que no comer manzanas. Es un absurdo lógico y por tanto un razonamiento falaz.




No sería correcto pensar que al abstenernos de actuar en este caso estaríamos siendo autores de un acto —asesinato— porque hay ningún hecho en nuestra conducta que cause dicho suceso. En cambio, al desviar el tren estaríamos actuando deliberadamente para matar a una persona inocente, en beneficio de otras, que si no hubiera sido a causa de nuestros actos no estaría muerta por ese motivo.

Sería absurdo señalar que alguien es responsable de un evento que no ha causado. Uno de los requisitos necesarios de la responsabilidad es la causalidad. Si no hay relación de causalidad entre dos hechos entonces no se puede decir que uno sea causa o efecto de otro. El principio de causalidad es un principio básico de la lógica. Negar la causalidad es dar paso a la arbitrariedad; es decir, el mundo del absurdo, donde no rige la lógica.

"Matar por omisión" es similar a decir "digerir sin digestión" o "respirar sin respiración". Para matar a alguien hay que causarle algún tipo de daño que provoque la destrucción de su funcionalidad orgánica. No se puede matar por omisión. Del mismo modo que no se puede iluminar con la oscuridad. Eso no es posible en el mundo real ni en la lógica. En la fantasía de la mente de alguien quizás esa idea pueda ser posible; pero sólo ahí.

Cuando ocurre el caso de que alguien tiene una obligación de hacer algo; ya sea una obligación moral o una obligación contractual; entonces podemos señalar que si no cumple con su obligación está cometiendo una dejación de responsabilidad. Si un padre tiene la obligación de cuidar de su hijo pero deliberadamente no atiende a su deber y resulta que su hijo muere por falta de cuidado entonces es responsable de esta muerte por negligencia. En realidad, el padre no ha causado la muerte. La muerte ha sido circunstancial —por ejemplo: por desnutrición. Para causarle la muerte tendría que haberle agredido o manipulado de alguna manera. El padre es culpable de faltar a su obligación; no de asesinato. Incluso aunque no se hubiera producido la muerte, sería igualmente culpable. La muerte ha sido una consecuencia posterior que podría no haber ocurrido.

Eso sería lo más parecido a lo que erróneamente llaman "matar por omisión". Aunque sigue estando mal expresado. Este caso sólo puede darse cuando alguien tiene una obligación de hacer algo y decide ignorar su deber. Pero esto no es "omisión" sino que es dejación o negligencia. Es decir, en lugar de hacer lo que debes, decides hacer otra cosa distinta en su lugar.

Para que uno pueda ser acusado de dejación o negligencia tiene que estar obligado a hacer algo por ética o por compromiso. Y para que haya una obligación ética tiene que estar fundamentada en un principio lógico. De lo contrario, no puede haber tal obligación, por mucho que uno quiera o desee que la hubiera.

Sólo en el caso de que tuviéramos una supuesta obligación moral de sacrificar a un individuo inocente para favorecer a otros sí estaríamos cometiendo una negligencia respecto de nuestro deber. Pero ese supuesta obligación simplemente no existe desde el punto de vista ético.

Esa pretendida obligación representa todo lo contrario a la ética: viola el principio de igualdad —somete los intereses de unos en beneficio de otros— y el valor intrínseco del individuo —trata a personas como si fueran recursos prescindibles que sólo tienen un valor instrumental.

Así que las dos únicas opciones de este dilema concreto, tal y como está planteado, son: 
[1] Desviar el tren y asesinar a una persona inocente.
[2] No desviarlo y no ser autor de un asesinato.
La segunda opción sería la única que me parece moralmente justificada. Como ya señalé antes, los números son relevantes para las matemáticas pero no son argumentos morales a la hora de establecer decisiones correctas.

Mucha gente cree que nuestra respuesta ante un dilema moral es lo que establece cómo debemos actuar. Pero no es así en modo alguno. Nuestra respuesta a este dilema, o a cualquier otro, no establece los criterios para poder determinar la diferencia entre el bien y el mal. Nuestra respuesta sólo sirve para revelar cuál es nuestra forma de pensar acerca de cuestiones morales. Luego podremos analizar, de acuerdo a la lógica y las evidencias, si esa forma de pensar es correcta o no lo es desde el punto de vista moral.


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5 de diciembre de 2013

Posmodernismo


La abolición de la esclavitud: ética y economía



La esclavitud siempre ha proporcionado beneficios y ventajas a quienes se aprovechaban de ella - propietarios y consumidores. La única razón por la que la esclavitud humana fue combatida y, finalmente, abolida se debió exclusivamente a motivos morales. Y ésta será la única razón que permitirá la abolición de la esclavitud de los animales nohumanos: la concienciación ética. A pesar de los beneficios que los humanos obtenemos de dicha esclavitud.

Todas los factores puramente económicos están claramente a favor de la esclavitud. La esclavitud ha existido - y sigue existiendo - en casi todas las culturas y épocas humanas, precisamente porque es muy beneficiosa para los esclavistas y para quienes consumen dicha esclavitud. Quienes se oponían a ella y luchaban para que fuera abolida han fundamentado su postura siempre en motivos morales, y han conseguido convencer a los demás apelando a razones éticas.

Los argumentos se requieren para demostrar que algo que se postula es cierto. No se requieren para negar algo que se postula sin argumento. (Esto se denomina "carga de la prueba"). Por ejemplo: no necesito argumentos para negar que existe un dios. Quien afirme que existe tal cosa es quien tiene que argumentar lo que afirma para demostrar que es cierto. 

En todo caso, habría que señalar que precisamente las en sociedades capitalistas del mundo occidental es donde la esclavitud fue abolida por primera vez en el mundo moderno. (Estrictamente hablando la primera abolición histórica ocurre con el triunfo del cristianismo). El desarrollo tecnológico industrial ayudó en la práctica a que esto fuera posible. Y ese desarrollo fue posible, entre otros motivos, gracias a la existencia de una economía de mercado que favorecía el comercio, la inversión y la innovación tecnológica.

Si no comprendemos la esencial diferencia entre la categoría de motivo (causa) y la categoría de posibilidad entonces no se puede debatir ni dialogar de nada. Es como no comprender la diferencia entre principio y finalidad, o no comprender la diferencia entre estructura y contenido. Es un problema de comprensión de conceptos básicos y las diferencias entre ellos. 

El motivo que me mueve cada mañana a levantarme es, por ejemplo, ayudar a construir un mundo mejor. Lo que me permite levantarme es la *posibilidad* de poder andar. La causa de mis actos es diferente de la posibilidad que me permite llevarlos a la práctica. No sé si este ejemplo ayuda a entender la diferencia. 

Sobre la abolición de la esclavitud por causas éticas existen muchos documentos historiográficos que evidencian a favor de ello. No es una tesis mía, pero compruebo que tiene todo el sentido:






Quien mejor ha estudiado y argumentado sobre este punto en concreto es el historiador, economista y premio Nobel, Robert Fogel: 




La abolición se debió *exclusivamente* a motivos morales. Pero las herramientas y circunstancias sociales, históricas, económicas permitieron (no motivaron) que ese movimiento moral consiguiera sus objetivos. Sin el movimiento abolicionista - que estaba fundamentado en razones éticas - seguramente no habría habido abolición y ahora millones de humanos seguirían siendo literalmente propiedades de otros humanos. Tal cual ocurre hoy día con las personas nohumanas.

Los motivos que nos conducen a determinado fin son una entidad distinta de las condiciones que nos permiten llegar a él. Los motivos que condujeron al rechazo y abolición de la esclavitud humana son razones éticas, pero las condiciones o circunstancias que permiten que esa postura se lleve a la práctica son de tipo material. Entre estas circunstancias está la existencia de una economía capitalista de mercado que reconoce el derecho de todos los individuos a poseer propiedad y a buscar su propio beneficio económico. 




De acuerdo a la definición estándar que yo manejo, el capitalismo se basa en la institución de la propiedad privada y en el libre comercio entre los individuos. Ahora, si tu utilizas el término para significar otra cosa distinta entonces ya sí que resulta totalmente imposible entender nada. Por ejemplo, se dice que el capitalismo "necesita" mano de obra que no tenga propiedades. Pero eso no es cierto. El capitalismo no postula negar la propiedad a nadie. Todo lo contrario. El capitalismo se basa en el reconocimiento de los derechos individuales, incluyendo el derecho a la propiedad privada. De hecho, bajo el capitalismo ha sido el periodo en que ha habido más propietarios que nunca antes en la historia (tierras, viviendas, automóviles, empresas,...) y en el que la prosperidad se ha generalizado al mayor número de gente. Esto son hechos - datos - objetivos.




El capitalismo no es moralmente neutral puesto que se basa en el liberalismo (bajo el cual subyace una visión moral). Aunque eso no significa que en la práctica, el capitalismo no pueda albergar prejuicios o discriminaciones injustas como el racismo. El capitalismo reconoce de base los derechos individuales. Pero no dice quiénes son esos individuos. El capitalismo es un sistema económico compatible en paralelo con la existencia de la esclavitud, aunque en ningún caso es equivalente a ésta. Igual que puede suceder con el sistema político de la democracia, pero la democracia no es esclavitud.

En la práctica es también un hecho que el capitalismo es compatible con la democracia social. Los países en los que existe mayor bienestar y cohesión social son todos países capitalistas (Canadá, Finlandia, Costa Rica, Suecia, Dinamarca, Holanda, Suiza, Nueva Zelanda,....) 




Esto no quiere decir que el capitalismo conduzca inevitablemente a la prosperidad general, pero sin el reconocimiento de los derechos de propiedad del individuo, es imposible que surjan las condiciones materiales que permiten garantizar un orden social mínimamente justo. Los problemas que existen hoy en día no son consecuencia del capitalismo sino del oligopolio, la intervención abusiva del Estado, u otros factores no económicos (clima, religiones,...). 




La situación de una "masa" de desposeídos que venden su fuerza de trabajo a unos pocos propietarios no se corresponde con el capitalismo. Ese sistema se llama oligarquía y ha existido desde hace miles de años, mucho antes de que apareciera el capitalismo. Se están confundiendo categorías, al estilo de los erróneos análisis marxistas que llaman "capitalismo" a una situación concreta de monopolio que ejercen unos pocos empresarios o propietarios sobre la totalidad de los recursos disponibles, o que llaman "capitalismo" a determinadas condiciones laborales abusivas !que ya existían antes del capitalismo! y que no son inherentes ni consecuencia de él, sino persistentes errores heredados del pasado pre-capitalista y pre-liberal: 




Del mismo modo que la mera existencia de las leyes no te lleva a la justicia, la mera existencia del capitalismo no te conduce a la prosperidad o al bienestar general. Pero sin esa condición primera, no se puede dar la segunda. Y tampoco conviene confundir una sociedad de mercado donde todo se puede vender y comprar, con una economía de mercado fundamentada en la ética de derechos individuales, y regulada por la ley para beneficiar al conjunto de la sociedad: 



Yo ni siquiera pretendo defender el capitalismo, pero las críticas que se hacen sobre él son a menudo tan inexactas o erróneas, que no se pueden pasar por alto. Y tal vez esos errores favorecen el hecho de que no hayamos podido hasta ahora encontrar algo mejor.

Feminismo, teoría de género y otras tendencias





El feminismo surge a finales del siglo XVIII dentro del movimiento de la Ilustración. Se basa en denunciar la discriminación a la que está sometida la mujer y su sometimiento a los varones. 

El feminismo aparece en los escritos de autoras como Mary Wollstonecraft. Ella misma dice en su obra de 1792 titulada «Vindicación de los Derechos de la Mujer»: 

"No quiero que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas"
Lo que se defiende aquí es la igualdad moral. Ésta es la base del feminismo: la idea de que las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus propias vidas, a ser independientes y autónomas, a no ser injustamente discriminadas por el hecho de ser mujeres frente a los varones.

Cuando estudié historia del feminismo en la universidad, se diferenciaba entre el feminismo de la igualdad y el "feminismo de género". Esto último era una postura ideológica que, si bien reivindicaba el papel de la mujer en la sociedad, no se basaba en la igualdad moral sino precisamente en la diferencia entre géneros.


El "feminismo de género" postula que la mujer tiene cualidades propias —distintas del varón — que la hacen valiosa y útil para la sociedad. Por eso entienden que la mujer debe jugar un papel más activo y predominante en el contexto privado y político. De ahí que pidan que la mujer tenga reconocidos derechos que hasta ahora se le niegan.


Sin embargo, esta postura entra en conflicto con el feminismo de la igualdad —que yo considero que es propiamente el feminismo— puesto que el "feminismo de género" adopta una perspectiva sexista, en tanto que categoriza moralmente a los individuos según su sexo, y además no se basa en la igualdad moral sino en criterios utilitarios.


Incluso, creo recordar, algunas defensoras de este tendencia pedían que se revirtiera el orden social para que fueran las mujeres las que gobernaran la sociedad. Esta postura debería denominarse "neo-matriarcalismo" o algo similar.


No obstante, hay otra postura más, denominada la "teoría de género" que no tiene que ver con aquello. Esta filosofía surge en el siglo XX dentro del contexto del posmodernismo de los años 60. Es una doctrina relativista que rechaza cualquier noción de objetividad o universalidad.


La teoría de género opina que los géneros sexuales son construcciones culturales y, por tanto —aparte de rasgos genitales— toda diferencia entre hombre y mujer es puramente arbitraria, surgida de la educación, el ambiente o la imposición ideológica.


Así, la "teoría de género" rechaza cualquier dato que la ciencia pueda aportar acerca de diferencias psicológicas entre sexos, apelando a que la ciencia es una construcción cultural surgida dentro del patriarcado con el fin de mantener la dominación sobre las mujeres.


Incluso aunque hipotéticamente la ciencia demostrara que la mujer es más inteligente que el varón, la "teoría de género" diría que eso es una excusa inventada con el fin de que los varones exploten más a las mujeres; o para menospreciar los logros de las mujeres debido a que no los consiguen con su esfuerzo sino con una habilidad innata que no tiene mérito propio.


Hay que tener en cuenta que, al igual que el resto de teorías posmodernas , la "teoría de género" es una doctrina cerrada que no utiliza razonamientos lógicos de acuerdo a criterios comprobables, sino que parte de dogmas para auto-justificarse siempre en sus conclusiones.


Cualquier argumento que presentes contra sus ideas nunca será tenido en cuenta racionalmente, sino que los defensores de la "teoría de género" dirán siempre que es un ataque del patriarcado contra quienes intentan derrocarlo. Si no estamos de acuerdo con ellos es siempre debido a que somos privilegiados que nos beneficiamos de la dominación sobre las mujeres: falacia ad-hominen típica de todos los sistemas cerrados y auto-referentes (escolasticismo, marxismo,...).


Por último tendríamos al hembrismo, que sería el machismo invertido. Esta tendencia opina que las mujeres deben asumir el poder y que los hombre deben estar sometidos a ellas.


Independientemente de que llamemos "feminismo" a estas cuatro teorías, se puede comprobar que no parten de la misma idea ni tienen un tronco común. Así que no son variantes de una misma doctrina básica, sino que son cuatro posturas muy diferentes e incompatibles entre sí.


Por tanto, hemos identificado separadamente estas cuatro doctrinas:


- feminismo de igualdad o simplemente feminismo


- el feminismo de género o femisexismo o neo-matriarcalismo o mujerismo


- la teoría de género


- el hembrismo


Si por feminismo entendemos la primera exposición que he señalado, entonces las otras teorías no pueden ser también feminismo. Es cierto que todas ellas hacen referencia a la cuestión de la discriminación sobre la mujer, y la dominación del varón, pero no parten de la misma base ideológica ni llegan a las mismas conclusiones. 


A mi modo de ver, se utiliza el término "feminismo" para hablar de cualquier teoría, sea cual sea, que apele a la cuestión moral de las mujeres, pero entiendo que esto es una forma errónea de usar el término.


4 de diciembre de 2013

Socialismo





La idea básica del socialismo se podría decir que existe desde la Edad Antigua aunque no se le llamara así comotal. En su obra "La República" Platón propone un sistema de Estado que coincide con lo que entendemos por socialismo. Además, muchas tribus se han basado en un sistema socialista: no hay propiedad privada, sino que todo pertenece a la tribu y se administra colectivamente.

La teoría socialista de Marx y Engels se basa en la filosofía del materialismo dialéctico y su opción política se suele denominar comunismo. Esto es sólo un tipo de socialismo entre otros tantos diferentes y variados que hay. No estoy de acuerdo en que al hablar de socialismo se entienda por defecto que hablamos de socialismo marxista. El marxismo ha tenido mucha influencia, pero cualquiera mínimamente informado sabe que existen diferentes versiones del socialismo que se apartan o se oponen al marxismo. La mayoría de socialistas - especialmente en el mundo occidental - no son marxistas sino que apoyan doctrinas socialdemócratas.

El socialismo tiene como idea central que debe existir un Estado (o autoridad pública) que regule la economía para proveer recursos y satisfacer las necesidades de los integrantes de la sociedad. Este concepto esencial es común a todos los socialismos. Ahora bien, los diferentes doctrinas socialistas difieran varios puntos importantes, como, por ejemplo, hasta qué grado o extensión debe encargarse el Estado de satisfacer las necesidades; o acerca de qué forma se debe tratar de llegar al socialismo

Hablar de "socialismo libertario" parece absurdo. Como hablar de "comunismo capitalista". No existe tal cosa. Son conceptos antitéticos. El libertarismo se opone al socialismo, puesto que aquél defiende la supremacía del individuo por encima de cualquier imposición de tipo social-económico. Un libertario puede aceptar diferentes tipos de colaboraciones voluntarias, pero nunca un socialismo, puesto que el socialismo postula de base que el Estado tiene siempre legitimidad en imponer regulaciones al individuo sobre la forma en que su trabajo debe beneficiar a otros.

12 de noviembre de 2013

Eternidad

  Wilhem Heinse (citado por Feliciano Pérez Varas en Georg Christopher Lichtenberg; Aforismos. Editorial Cátedra; 2009)

9 de noviembre de 2013

Tantos tontos tópicos




He querido hacer una selección y crítica de lugares comunes, pero sólo de aquellos que muestran a las claras un carácter moral y político. Por eso mismo son más peligrosos que otros, puesto que estos tópicos son prácticos, es decir, pretenden transformar la conducta individual o colectiva. Hay algo que está presente en todos ellos, digamos que la ignorancia y la pereza mental. En nuestro país y en este momento, además, delatan las actitudes y creencias dominantes: el relativismo moral y cultural, la igualación de todos y en todo, el tramposo recurso al derecho para justificar nuestra falta de virtud…


Un tópico es un comodín verbal, una muletilla, que decimos simplemente porque se dice. O, lo que es igual, porque nos ahorra el costoso ejercicio de pensar o juzgar por nuestra cuenta y así además nos evita riesgos. Eso significa que los tópicos nos permiten ‘ser de los nuestros’, estar a buenas con el grupo, congraciarnos con la mayoría y aceptar lo que está mandado. Si con frecuencia son ‘frases hechas’, es porque nos las dan ya preparadas y nos las apropiamos sin esfuerzo.

http://ebiblioteca.org/?/ver/73579

Aurelio Arteta, desgrana los tópicos de la conversación que, más allá de la mera rutina verbal, van asentando el poder de la mayoría en el discurso social dominante. Y, junto a tópicos bastante inocuos, hay otros que pueden ser venenosos en la vida de una persona o de su comunidad. Sobre todo los de carácter moral y político”, asegura el filósofo.

"Todas las opiniones son respetables" 

Renuncio a todo criterio de valor, aquí vale todo igual, carezco de argumentos contra la barbarie, incurro en el relativismo y en el nihilismo y si proclamo que los judíos son bichos asquerosos, entonces justifico el genocidio.

"Déjate de filosofías" 


Más que una filosofía, lo probable es que cada cual tenga sus propias creencias o supersticiones que no se aviene a poner a prueba. 


"Mi cuerpo es mío"

"Expresa una idea instrumental del cuerpo, perniciosa, porque yo no tengo un cuerpo: ¡yo soy mi cuerpo! Mi cuerpo no debe ser tratado como objeto, ni por mí ni por nadie."

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120320/54271023318/aurelio-arteta-respeto-ideas-personas.html 

La filosofía práctica no está hecha para predicar en el vacío, sino para guiar nuestra conducta privada y pública. Como una vía de acercar esa reflexión a la gente, Aurelio Arteta nos propone reunir estos tópicos tan familiares a fin de escudriñar sus flacos fundamentos y efectos perversos. Ellos delatan las creencias dominantes, los grandes prejuicios colectivos. Tantos tontos tópicos recoge desde las excusas más socorridas de la irresponsabilidad y la pereza hasta la retórica ordinaria sobre la violencia o la democracia.

Son estos comodines del lenguaje ordinario los que nos aportan la seguridad de que no estamos solos. Tal es la función primera de los tópicos: acomodarnos al grupo, vestirnos a la moda verbal del momento, volvernos normales. A base de amontonar esos lugares comunes, construimos nuestra comunicación más impersonal y automática.

Decir lo que se dice nos permite opinar sin la molestia de pensar lo que decimos y, de paso, alcanzar la ilusoria certeza de entender y ser entendidos. Y en ésas estamos.



6 de noviembre de 2013

Cómo ser un existencialista



«El imaginario popular presenta al filósofo existencialista como un tipo pesimista, embebido en la lectura de gruesos libros de título pretencioso y, a poder ser, con un jersey negro de cuello alto. Pero lo cierto es que este pensamiento es todo lo contrario a una manera pesimista de ver el mundo. Es una manera de responsabilizarse de las propias acciones y aprender a ver el mundo de la mano de nombres como Sartre y Heidegger, y también de Buggs Bunny. 
El especialista en la obra de Jean-Paul Sartre, Gary Cox, presenta un libro sorprendente y desmitificador que nos ayuda a mejorar nuestra vida. Eso sí, los lectores de libros de autoayuda pueden llevarse una sorpresa (posiblemente agradable). Y es que no existe otra receta que la de responsabilizarse de las propias acciones, porque la acción responsable es la única manera de cambiar la manera en que pensamos y sentimos.

El existencialismo sostiene que sólo puedes cambiar la manera que piensas y sientes tu vida si cambias la manera de comportarte: actuando en lugar de reaccionar, siendo asertivo en lugar de dejarte llevar por la corriente y tus circunstancias… Siendo responsable de lo quién eres y qué haces.»

«Las personas no pueden renunciar a su libertad, nunca. No pueden hacer de sí mismas objetos gobernados por la causalidad del mundo físico porque el proyecto mismo de renunciar a su libertad y convertirse en objetos gobernados por la causalidad ha de ser una elección libre de cada una de ellas. Una persona no puede convertirse en una entidad completamente determinada por el mundo, pues no importa cuándo o cómo lo intente siempre estará eligiendo hacerlo. Una persona no puede nunca no elegir, pues como dice Sartre, “no elegir es, de hecho, elegir no elegir”. La libertad de una persona no consiste en un desprenderse de toda obligación, una especie de libertad hippy, consiste en la responsabilidad permanente de tener que elegir quién es a través de las acciones que elige realizar en respuesta a la adversidad y la resistencia de su situación. En opinión de los filósofos existencialistas radicales, la responsabilidad de tener que elegir no tiene fin.»

«Los existencialistas son nihilistas porque reconocen que la vida es en último término absurda y está llena de verdades terribles e ineludibles. Pero son antinihilistas porque reconocen que la vida sí tiene un sentido: el sentido que cada persona elige dar a su propia existencia.»

«El cerebro se parece mucho más al estómago de lo que la gente piensa. Necesita tiempo para digerir ciertas cosas y es muy posible que entienda lo fundamental un poco más tarde.»

22 de octubre de 2013

Cientificismo




  • INTRODUCCIÓN

El cientificismo es aquel horizonte intelectual que pretende hacer pasar como conclusiones de la ciencia experimental lo que serían elementos propios de una filosofía materialista. El cientificismo es, pues, una manipulación ideológica de la ciencia por parte del materialismo, que es siempre una doctrina filosófica y no una conclusión extraible de los métodos de investigación científica.

Hablando de esta manipulación, Mariano Artigas ha declarado que: «Si un científico utiliza la ciencia arbitrariamente en función de sus preferencias ideológicas, además de faltar a la honradez, es responsable de engañar a su público en temas que tienen una notable importancia vital».

Hay que distinguir entre cientificismo y ciencia positiva experimental. Esta última se dedica al estudio de la realidad empírica mediante una metodología consistente en proponer hipótesis interpretativas y explicativas, cuya verdad o validez deben ser confirmadas o refutadas mediante la experimentación. Las hipótesis comprobadas experimentalmente se consideran provisionalmente verdaderas mientras no surjan anomalías o datos empíricos que no puedan explicarse satisfactoriamente; o que, para mantener su validez, precisen de numerosas y complejas hipótesis ad hoc, cuya función consistiría en preservar o salvar a las hipótesis iniciales que se han visto comprometidas por la observación de nuevos fenómenos no explicables por el paradigma.

El cientificismo, por su parte, lo que suele hacer es intentar pasar por verdades científicas —es decir, comprobadas empíricamente o deducibles de conclusiones experimentales establecidas empíricamente— afirmaciones filosóficas asumidas de forma acrítica y enteramente apriorista. El dogmatismo del que hace gala el cientificismo, y con el que procede sistemáticamente, supone todo lo contrario de lo que, en teoría, representa la racionalidad científica: [1] prudencia en la emisión de juicios; humildad epistemológica, o lo que es lo mismo: reconocimiento de los límites del saber científico; [2] espíritu crítico, que impele a no aceptar como tesis firmemente establecidas lo que no pasa de ser hipótesis o conjeturas, por muy sugerentes que puedan ser; y [3] mentalidad analítica y antidogmática que lleva a una abertura y a un diálogo fecundo con otras disciplinas del saber humano.

El cientificismo es la doctrina de quienes piensan que la ciencia es el único medio fiable que disponemos para conocer la realidad.

El cientificismo vendría a ser la creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ciencia es el único que merece el título de conocimiento. Juan Luis Arsuaga lo ha expresado con estas palabras:
«Quien quiera verdades absolutas, dogmas incuestionables e inamovibles, debe mirar hacia otro lado, que no es la ciencia. Ésta sólo elabora hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad, que siempre pueden ser modificadas total o parcialmente por la fuerza de los hechos: pero es lo mejor que el espíritu humano es capaz de crear». 
Además, respecto a esas hipótesis de las que nos habla Arsuaga, aplicadas al campo de la paleontología humana, resulta pertinente recordar las palabras del célebre paleontólogo Stephen Jay Gould, recientemente fallecido, y recogidas por Mariano Artigas quien, hablando de las filogenias, nos recuerda que:
«Sería conveniente tomar buena nota de una observación de Gould, que sin duda es seria, pues se refiere a hechos concretos de su especialidad y afecta a las pruebas básicas del evolucionismo: «los árboles genealógicos de las líneas de la evolución que adornan nuestros manuales no contienen datos más que en las extremidades y en los nudos de sus ramas; el resto son deducciones, ciertamente plausibles, pero que no vienen confirmadas por ningún fósil». Habría, pues que señalar claramente que las líneas y flechas que unen esos extremos son hipotéticas, y no presentar las hipótesis como certezas o como la única explicación posible».
Las ideas cientificistas se apoyan en una extrapolación injustificada del método de la ciencia experimental. El cientificismo presenta como supuestamente científicas unas ideas que van más allá de lo que la ciencia experimental puede afirmar haciendo uso del método de investigación científica. Además, cataloga como pretensiones cognoscitivas carentes de sentido todas aquellas formas de conocimiento que no se ajusten a los métodos de análisis experimental de la naturaleza utilizados por las ciencias empiriométricas.

El enorme éxito social que alcanza la aplicación práctica de los logros de la investigación científica, lleva a realizar algunas afirmaciones científicamente injustificables, y filosóficamente discutibles. Por ejemplo: el gran éxito social de la ciencia experimental de la Naturaleza, lleva a la afirmación de que la única forma de conocimiento objetiva válida es la propia del conocimiento científico; como éste sólo estudia entes materiales, se acaba concluyendo que lo único que existe realmente son las cosas materiales.

Dicho con otras palabras: «De la afirmación no conocemos nada que se sitúe más allá de nuestra experiencia sensible, se pasa fácilmente a la siguiente: no existe nada más allá de los datos de nuestra experiencia sensible». Carlos Cardona también lo ha sabido ver con claridad y, además, lo ha explicado con gran sencillez: «Es muy frecuente el paralogismo de empezar por decir «no se sabe si…», e inferir en seguida que «se sabe que no…» 

Kant se pronunció rotundamente contra este tipo de planteamiento y denunció la falsedad que encerraba ese salto injustificado. Para Kant, la experiencia nunca puede demostrar que una causa no exista por el mero hecho de que ésta nunca pueda captarla, lo único que la experiencia enseña es que no podemos percibirla: «¿Quién puede demostrar la no existencia de una causa por medio de la experiencia —dice Kant—, cuando ésta no nos enseña otra cosa sino que no percibimos la causa?».

Así, al afirmar que la ciencia experimental es el único modo de conocimiento objetivo válido, ella se convertirá en el criterio de verdad. De este modo, sólo podrá ser verdadero aquel conocimiento que se ajuste a los parámetros del conocimiento científico experimental. Pero al adoptar esta posición, el cientificismo incurre en una abierta contradicción, ya que las tesis cientificistas no son la conclusión de ninguna ciencia experimental y, por consiguiente, carecen de validez si se le aplica el criterio de verdad cognoscitiva por él establecido. De este modo, el cientificismo aparece en su verdadera dimensión, o sea, como un postulado injustificable y arbitrario.

  • ARGUMENTOS CONTRA EL CIENTIFICISMO
Podríamos definir el cientificismo como aquella postura que considera a las ciencias empíricas como el único medio por el cual podemos obtener explicaciones de lo que existe, y podríamos agregar también: de lo que “no” existe. Aquí quiero dar un par de argumentos para desechar esta actitud, y también para re-valorizar ciertos modos de conocimiento no empíricos como válidos, aunque con un modo muy distinto de validez, claro está, pero válido a fin de cuentas. Mi objetivo es plantear la cuestión en forma básica, y para ello privilegiaré la claridad y la concisión en vez de la rigurosidad.

1.- Argumento acerca de la esfera de validez de la ciencia

La palabra “ciencia” se reserva normalmente para aquellas disciplinas que utilizan como medio de comprobación de sus tesis, las observaciones empíricas —de los sentidos. Las observaciones empíricas versan sobre fenómenos físicos. Por tanto, las tesis científicas versan sobre los fenómenos físicos.

Por tanto, los métodos de la ciencia dicen relación con fenómenos físicos que son observables por medio de los sentidos. Por el contrario, la postura cientificista señala que la ciencia puede dar luces de explicaciones de todas las cosas a partir de los métodos de la ciencia empírica.A menos que consideremos que todo lo que existe se corresponde con fenómenos puramente físicos, la postura cientificista yerra en un error metodológico o de objeto formal.

2.- Popper y el argumento acerca de la falsabilidad de las teorías científicas

Karl Popper, pensador del siglo XX, señala que las teorías científicas no pueden —al contrario de los que nos enseñaban en el colegio— ser verificadas, sino sólo falsadas. Esto lo dice al observar que las teorías científicas no se mantienen rígidas en el tiempo, sino que van siendo superadas por nuevas teorías científicas. A partir de esto, observa que las teorías que pueden ser superadas por nuevas teorías —teorías que son superadas a partir de nuevas observaciones— tienen la propiedad de que pueden dárseles argumentos en contrario de sus tesis para reemplazarlas por nuevas tesis. Por tanto, para que la ciencia pueda progresar, las teorías científicas deben ser susceptibles de ser falsadas. Si no pueden ser falsadas, no puede progresar la ciencia —y por tanto, la teoría “científica”, ya no es científica.

3.- Argumento acerca de la inducción

La inducción es el método por el cual opera la ciencia. La inducción es un modo de razonamiento que permite obtener una conclusión general a partir de datos particulares. Por ejemplo: he visto que (1) el gato A es de color negro. Luego observé que (2) el gato B es de color negro. Finalmente, (3) el gato C también es de color negro. Luego mi conclusión es que todos los gatos son negros.

Para que la conclusión sea verdadera, se necesita conocer, en este caso, a todos los gatos, para ver si es verdad que todos los gatos son negros. De modo que la observación de estos tres gatos nos da no una verdad, sino una aproximación. A medida que más gatos observemos, nos aproximaremos más a la verdad. Se suma otra dificultad: aún si sabemos que todos los gatos son negros, no sabemos si más adelante nacerá otro gato que no sea negro —por el motivo que sea— o bien si siempre hubo gatos negro o bien, había otro tipo de gatos antes, por lo que nuestra teoría está sujeta a verificabilidad cada vez que nazca otro gato.

Dificultades como ésta —observa Popper— hacen que sea inadecuado atribuirle a la ciencia teorías verdaderas, y que la noción de falsabilidad es más adecuada para las posibilidades materiales de la ciencia, ya que nunca podemos tener una observación cabal de todos los fenómenos que necesitamos para “verificar” una teoría.

4.- Putnam y el argumento acerca del método científico

Hillary Putnam señala que las teorías científicas no pueden formalizarse de modo absoluto, y que en el quehacer científico, como en todo quehacer, existen siempre “modos de hacer las cosas” [know how] prácticos que no pueden formalizarse. Las teorías científicas, suponen ese “modo de hacer cosas” que no puede ser formalizado. Esto es lo que lleva al científico a juzgar adecuadamente a su par si hizo bien su trabajo, o el que lleva al historiador a juzgar si su par tiene o no tiene “criterio histórico”. Ese “criterio” supone un tipo de conocimiento práctico que no puede formalizarse. Desde este punto de vista, la ciencia siempre tiene a la base, un “criterio científico”, que es dispar entre los científicos. Por tanto, la calidad de una teoría científica no depende netamente de los datos y los conocimientos formalizados, sino de ese “criterio”, que depende de muchos factores exógenos.

5.- Kuhn y el argumento de los paradigmas científicos

Para Kuhn, ciencia es un conjunto de compromisos de diverso tipo: ontológicos, teóricos, de creencias, etc. Por tanto, estos compromisos están dados por la comunidad de aquellos que hacen ciencias: los científicos. Por su parte, si nosotros buscamos “explicaciones verdaderas” en la ciencia, estas “explicaciones verdaderas” estarán determinadas por los compromisos que la comunidad de científicos determine; los cuales, dicho sea de paso, recogen también los compromisos que comparte la sociedad en general)

6.- Valoración de los argumentos anteriores

El primer argumento señala que no hay cómo entender que la ciencia de explicaciones satisfactorias de todas las cosas si su método se dirige a comprender sólo una parte de ellas: las cosas físicas. Este argumento es válido contra el cientificismo, siempre y cuando no identifiquemos todos los fenómenos que existen como fenómenos físicos. Si para nosotros todo se reduce a fenómenos físicos, entonces podremos aceptar que la ciencia puede dar explicaciones satisfactorias sobre todas las cosas.

Aún se acepte esta reducción teórica de los fenómenos existentes a fenómenos puramente físicos, la ciencia sólo da explicaciones parciales e incompletas. Parciales, porque sus teorías están sujetas a un estado de vigencia que depende de nuevas observaciones y nuevos estudios [Popper: verificabilidad vs. falsabilidad]. Incompletas, porque no cubre la totalidad del fenómeno a observar: el método inductivo.

Por otra parte, existe un amplio ámbito del trabajo científico que no está sujeta a ninguna formalización, ni siquiera lingüística, que es aquella que podemos definir como el “criterio científico” que está sujeto a una serie de variables —como por ejemplo, los compromisos que señala Kuhn.

Finalmente, siempre podrá hablarse que estas explicaciones están determinadas por los compromisos ontológicos, teóricos y de creencias de los científicos —Kuhn y los paradigmas científicos— por lo que las explicaciones serán siempre relativas a aquella forma de ver el mundo que los científicos acepten.

En conclusión, el cientificismo representa una posición totalizante, que quiere alcanzar una omnicomprensión de la realidad, pero que no puede hacerlo porque las categorías mediante las que opera la ciencia no se lo permiten. En este sentido, el cientificismo quiere posicionar a la ciencia como un saber trascendente y absoluto, emulando en cierto sentido a la fe. Sin embargo, el contenido de la ciencia posee un carácter contingente, de acuerdo al momento histórico y al conocimiento evaluado hasta la fecha actual.

En cuanto al primer argumento tratado en este texto: ¿Qué pasa con la conciencia, y los otros fenómenos subjetivos que se perciben a partir de ella? ¿Es posible reducir ese modo de percibir sólo a fenómenos físicos? ¿Qué es precisamente aquello que le da sentido a una emoción, por ejemplo? ¿El proceso químico o su padecimiento consciente por un determinado sujeto?

Históricamente el cientificismo pudo haber surgido por una confusión entre ciencia y teología. El teologismo tampoco es una opción sensata. La opción más cuerda sería tener consciencia de una adecuada separación racional de categorías [lógica, moral, ciencia]. La filosofía ha ayudado a esa separación —o “demarcación” al decir de Popper.

  • El CIENTIFICISTA
Antes de definir al cientificista, debemos aclarar a qué no nos referimos. No debemos confundir al cientificista con el profesional de la ciencia o científico. Un científico pudiera ser o no ser cientificista. No estamos en contra del método científico, ni de los científicos. Lo que vamos a plantear es que el cientificista se contradice a sí mismo porque clama su propuesta en base a la ciencia, cuando  su propuesta en sí misma no es científica sino filosófica.

¿Qué es un cientificista?

Un cientificista es alguien que ha abrazado el “cientificismo”.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el cientificismo como una “doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción.”

Otra acepción que da este diccionario es: “Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas”; y otra acepción que da es: “Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.”

Esta definición del diccionario muestra que para el cientificista el único paradigma verdadero y racional es la ciencia bajo su esquema o método científico. Si algo no cuadra con las creencias científicas establecidas, o si algo no está contenido bajo el dominio de los objetos apropiados para la investigación científica, o si no es compatible con el método científico, entonces no es verdad o no es racional.

Para el cientificista, entonces, todo lo que está fuera de la ciencia es un asunto de mera creencia y opinión subjetiva, para lo cual una evaluación racional es imposible. Para ellos, la ciencia, de manera exclusiva es el modelo de excelencia intelectual.

Tipos de cientificismo: fuerte y débil.

De hecho existen dos tipos de cientificismo: el fuerte y el débil. 

El cientificismo fuerte plantea que la única manera en que una teoría es verdadera o racional es si, y sólo si, es una teoría científica o es una proposición científica. Esto significa, que dicha teoría contenga proposiciones establecidas bajo el método científico, formuladas, probadas, y experimentadas de acuerdo a la metodología científica apropiada para el caso. Para el fuerte, no existe ninguna verdad fuera de las verdades científicas, y aún si existieran, no existe ninguna razón para creer en ellas.

El cientificismo débil reconoce la existencia de verdades aparte de la ciencia, y están dispuestos a conceder que ellos podrían adquirir cierto conocimiento racional sin el soporte de la ciencia. Pero aún así el cientificista débil insiste en que la ciencia es el área más valiosa, más seria, y más autorizada del aprendizaje humano. Cualquier otra actividad intelectual es inferior a la ciencia. Más aún, ellos dicen que no hay virtualmente límites para el conocimiento científico. No existe un campo en el cual la investigación científica no pueda arrojar luz, o dar un soporte científico, o no pueda traer una explicación racionalmente aceptable. Y por tanto deberíamos tratar siempre de resolver todos nuestros dilemas a través del método científico. Por ejemplo, debemos resolver los problemas mentales utilizando sólo métodos de neurofisiología y ciencias computacionales.

Ahora bien, debemos señalar que los que defienden el cientificismo débil no están clamando meramente que, por ejemplo, podemos creer que el universo tuvo un comienzo, y que esta hipótesis, apoyada por argumentos filosóficos, gana un argumento extra si pudiésemos contar con evidencias científicas. Porque si yo tengo argumentos filosóficos para algo, y resulta que la ciencia refuerza mi punto con algunas evidencias, entonces incrementa la racionalidad del argumento en su aspecto empírico. Pero eso no es lo que el cientificismo débil implica, porque no acepta la idea viceversa, esto es, no acepta que el conocimiento científico se puede fortalecer con argumentos racionales filosóficos, sino que sólo la ciencia puede dar veracidad a los argumentos no científicos, pero no viceversa.

EL PROBLEMA CON EL CIENTIFICISMO

El cientificismo fuerte se refuta a sí mismo.

En primer lugar, el cientificismo fuerte se refuta a sí mismo. Un frase se refuta a sí misma cuando se refiere y nulifica a sí misma. Por ejemplo, si yo escribo lo siguiente: “No es posible para mi escribir una frase en el idioma español”, acabo de expresar una frase que se auto nulifica, porque al decir que no es posible escribir una frase en este idioma, la misma frase demuestra lo contrario. Otro ejemplo es decir “No existe la verdad”. Si esta frase es cierta, entonces acabamos de encontrar al menos una verdad, y es que “no existe la verdad”, pero al descubrir esta primera verdad, ya no puedo decir que no existe la verdad.

El cientificismo fuerte se refuta a sí mismo porque su proposición “no hay verdad fuera de la ciencia” no constituye una teoría científica sino una propuesta filosófica. Y el problema se agrava porque las proposiciones que se auto contradicen no son proposiciones falsas que pudieran llegar a ser verdad, sino que no es posible que sean ciertas. Toda proposición auto refutable es necesariamente falsa. Eso significa que por más descubrimientos científicos que tengamos en el futuro, esto no hará más aceptable el cientificismo fuerte, porque su proposición se nulifica a sí misma.

El problema de las presuposiciones filosóficas de las cuales parte la ciencia.

En segundo lugar, tanto para el cientificismo fuerte como para el débil, su propuesta no permite que la ciencia parta de presuposiciones que persigan ser demostradas por el método científico, porque como no han sido demostradas, no podemos partir de hipótesis porque sería partir de algo no comprobado científicamente. Por eso el cientificismo muestra en sí mismo ser un enemigo y no un amigo de la ciencia.

De hecho, tal y como explica Mario Bunge, la ciencia misma descansa en cierto número de tesis filosóficas que deben ser asumidas si se desea comenzar a trabajar a partir de algún punto. Cada una de estas presuposiciones puede ser desafiada, y la tarea de atacar o defender estas presuposiciones no es una tarea de la ciencia, sino de la filosofía. Las conclusiones de la ciencia no pueden ser más verdaderas que las presuposiciones sobre las que descansa y utiliza para alcanzar dichas conclusiones. El cientificismo fuerte excluye todas estas presuposiciones porque ni las presuposiciones ni los argumentos que las sostienen constituyen un asunto científico.

El cientifismo débil malinterpreta la supuesta fortaleza de la ciencia diciendo que las proposiciones científicas tienen más autoridad racional que las de otros campos del saber, como la filosofía. Esto significaría que las conclusiones de la ciencia son más ciertas que las presuposiciones filosóficas utilizadas por la ciencia para justificar y llegar a dichas conclusiones, y eso es un absurdo. J. P. Moreland cita a John Kekes en un fuerte argumento que derriba el cientificismo débil. 
«Un argumento exitoso para que la ciencia demuestre ser el paradigma de la racionalidad debe estar basado en la demostración de que las presuposiciones de la ciencia son preferibles a cualquier otra presuposición. Esa demostración requiere que la ciencia muestre, basada en estas presuposiciones, que es mejor resolviendo algunos problemas y alcanzando ciertos ideales que sus competidores. Pero demostrar esto no es una tarea de la ciencia. De hecho, es una tarea de la filosofía. Así, la empresa de justificar las presuposiciones de la ciencia demostrando con la ayuda de la filosofía que la ciencia es la mejor manera de resolver ciertos problemas y de lograr ciertos ideales es un prerrequisito necesario para justificar la ciencia. Entonces, la filosofía, y no la ciencia, es un candidato más fuerte para ser paradigma mismo de la racionalidad
Por supuesto, el argumento de Moreland es independiente del resto de sus ideas y podemos valorarlo por sí miso.

A continuación veremos una lista de algunas presuposiciones filosóficas de la ciencia. Recordemos que ninguna de estas presuposiciones son demostrables por la ciencia, sino que son paradigmas filosóficos a partir de los cuales la ciencia parte para comprobar si ciertos supuestos se corresponden con la realidad:
  • La existencia de un mundo exterior e independiente a nosotros mismos.
Esto significa que la ciencia “asume” o parte de la presuposición de que el mundo existe objetivamente fuera de nuestros sentidos, y que no estamos viviendo bajo el engaño de nuestra mente o en una “Matriz” como el argumento de la película “The Matrix”.
  • La naturaleza ordenada del mundo exterior.
La ciencia asume que existe un orden y no un desorden aleatorio en todo el universo. La ciencia no se preocupa por demostrar que ese orden es consistente en todo el universo, sino que lo da por sentado. Esto es filosofía, no ciencia.
  • El mundo exterior puede ser conocido.
¿Cómo demostramos científicamente que el mundo exterior puede ser conocido? Simplemente lo damos por sentado, y lo tenemos como verdadero, sin hacerlo pasar por el método científico.
  • La existencia de la verdad.
Como vimos antes, los escépticos radicales piensan que no existe una verdad y si existe, no puede ser conocida. Todo esto es del campo filosófico. La ciencia asume que existe, y no demuestra científicamente su existencia, sino que parte de esa premisa filosófica.
  • Las leyes de la lógica.
La lógica estudia los problemas del movimiento hacia el conocimiento certero, las leyes del origen. Para la lógica, lo central es aclarar qué es una certeza y cómo se alcanza. La lógica no entra en definir que es verdad que es mentira, esos conceptos al tener cierta carga moral, son competencia del razonamiento. Por tanto, la ciencia no define que es verdad o mentira, define certezas, siendo estas indispensables para todas las ciencias. La filosofía es la disciplina que se encarga de enseñar a elaborar y proponer metodologías de cómo falsar las certezas firmes, a través de los razonamientos, ya sean deductivos, inductivos o abductivos.
  • La confiabilidad de nuestras facultades cognoscitivas y sensoriales que nos sirven como compiladores verdaderos y como fuente para justificar las creencias en nuestro entorno intelectual. 
Esto significa que la ciencia asume que nuestros sentidos son capaces de ayudarnos a comprobar ciertas verdades. De nuevo, esto no se trata de demostrar, solo se asume y partimos de ahí.
  • La suficiencia del lenguaje para describir al mundo.
La ciencia parte de que el lenguaje humano es apropiado para describir la realidad y que es suficiente para interpretarla.
  • La existencia de valores morales usados en la ciencia
Por ejemplo, “el científico cree que debe probar sus teorías de manera justa y debe reportar sus resultados de manera honesta”. Esta asunción no se pasa por el método científico, simplemente se parte de la presuposición.
  • La uniformidad de la naturaleza y la efectividad de la inducción
La ciencia asume que el universo es uniforme, es decir, se comporta de igual manera bajo las mismas condiciones en todos sus puntos, y que por lo tanto puedo “inducir”, esto es, puedo llegar a conclusiones que apliquen a todo el universo bajo la observación de tan sólo una parte de él. De más está decir que es imposible para el hombre comprobar esto científicamente porque hay lugares del universo que ni siquiera conocemos, pero estamos asumiendo su uniformidad, y de ahí partimos.
  • La existencia de los números y las verdades matemáticas
  • La existencia de creencias verdaderas fuera de la ciencia
Un tercer problema que encontramos tanto para el cientificismo fuerte como débil es la existencia de creencias verdaderas y racionales fuera de la ciencia. 

El cientificista fuerte niega esta verdad y por lo tanto su postulado debe ser rechazado porque es contradictorio en sí mismo y porque podemos dar muchos ejemplos de conocimiento fuera de las ciencias fácticas. Por ejemplo, “el rojo es un color”; “torturar a los bebés es incorrecto”; “en este momento estoy pensando en la ciencia” son proposiciones que pueden ser creídas independientemente de la ciencia y que son más fácilmente justificables que otras creencias dentro de la ciencia como los que sostienen que “la macro-evolución ocurre a través de una serie de pasos muy pequeños”.

Ciertamente muchos postulados científicos deberán cambiar en el tiempo, como cuando Albert Einstein revolucionó la Física de Newton con su teoría de la relatividad. Pero será difícil ver a alguien decir lo mismo en el caso de proposiciones extra-científicas como las DE “torturar un bebé es incorrecto”.

Por eso, no podemos reducir todas las áreas del conocimiento al saber científico porque ni siquiera la ciencia opera bajo un paradigma científico, y necesariamente requiere de la filosofía para sus presuposiciones. Esto es lo que sucede cuando se pretende reducir los temas de la existencia o de la naturaleza de la mente a un problema del área de la ciencia.

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