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22 de octubre de 2013

Cientificismo



INTRODUCCIÓN

Llamamos cientificismo a una postura ideológica que pretende hacer pasar como conclusiones de la ciencia lo que serían en realidad nociones intelectuales propias de una determinada filosofía materialista. El cientificismo sería pues una manipulación ideológica de la ciencia por parte de un tipo de materialismo, el cual es siempre una doctrina filosófica y no una conclusión extraible de los métodos o los resultados de la investigación científica.

Por tanto, hay que comenzar distinguir entre cientificismo y ciencia. Esta última se dedica al estudio de la realidad empírica mediante una metodología consistente en proponer hipótesis interpretativas y explicativas, cuya verdad o validez deben ser confirmadas o refutadas mediante la experimentación. Las hipótesis comprobadas experimentalmente se consideran provisionalmente verdaderas mientras no surjan anomalías o datos empíricos que no puedan explicarse satisfactoriamente; o que, para mantener su validez, precisen de numerosas y complejas hipótesis ad hoc, cuya función consistiría en preservar o salvar a las hipótesis iniciales que se han visto comprometidas por la observación de nuevos fenómenos no explicables por el paradigma.

El cientificismo, por su parte, lo que suele hacer es intentar pasar por verdades científicas —es decir, comprobadas empíricamente o deducibles de conclusiones experimentales establecidas empíricamente— afirmaciones filosóficas; asumidas de forma acrítica y enteramente apriorista. El dogmatismo del que hace gala el cientificismo, y con el que procede sistemáticamente, supone todo lo contrario de lo que, en teoría, representa la racionalidad científica: [1] prudencia en la emisión de juicios; humildad epistemológica, o lo que es lo mismo: reconocimiento de los límites del saber científico; [2] espíritu crítico, que impele a no aceptar como tesis firmemente establecidas lo que no pasa de ser hipótesis o conjeturas, por muy sugerentes que puedan ser; y [3] mentalidad analítica y antidogmática que lleva a una abertura y a un diálogo fecundo con otras disciplinas del saber humano.

El cientificismo es la doctrina de quienes piensan que la ciencia es el único medio fiable que disponemos para conocer la realidad. 
El cientificismo vendría a ser la creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ciencia es el único que merece el título de conocimiento. Juan Luis Arsuaga lo ha expresado con estas palabras:
«Quien quiera verdades absolutas, dogmas incuestionables e inamovibles, debe mirar hacia otro lado, que no es la ciencia. Ésta sólo elabora hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad, que siempre pueden ser modificadas total o parcialmente por la fuerza de los hechos: pero es lo mejor que el espíritu humano es capaz de crear». 
Además, respecto a esas hipótesis de las que nos habla Arsuaga, aplicadas al campo de la paleontología humana, resulta pertinente recordar las palabras del célebre paleontólogo Stephen Jay Gould, y recogidas por Mariano Artigas, quien, hablando de las filogenias, nos recuerda que:
«Sería conveniente tomar buena nota de una observación de Gould, que sin duda es seria, pues se refiere a hechos concretos de su especialidad y afecta a las pruebas básicas del evolucionismo: «los árboles genealógicos de las líneas de la evolución que adornan nuestros manuales no contienen datos más que en las extremidades y en los nudos de sus ramas; el resto son deducciones, ciertamente plausibles, pero que no vienen confirmadas por ningún fósil». Habría, pues que señalar claramente que las líneas y flechas que unen esos extremos son hipotéticas, y no presentar las hipótesis como certezas o como la única explicación posible».
La ideología cientificista se apoyan en una extrapolación injustificada del ámbito específico de la ciencia. El cientificismo presenta como supuestamente científicas unas ideas que van más allá de lo que la ciencia puede afirmar haciendo uso del método científico. Además, cataloga como pretensiones cognoscitivas carentes de sentido todas aquellas formas de conocimiento que no se ajusten a los métodos de análisis experimental de la naturaleza utilizados por las ciencias empiriométricas.

El éxito social que ha alcanzado la aplicación práctica de los logros de la investigación científica, lleva a realizar algunas afirmaciones científicamente injustificables, y filosóficamente discutibles. Por ejemplo: ela afirmación de que la única forma de conocimiento objetiva válida es la propia del conocimiento científico; como éste sólo estudia entes materiales, se acaba concluyendo que lo único que existe realmente son las cosas materiales.

Dicho con otras palabras: «De la afirmación no conocemos nada que se sitúe más allá de nuestra experiencia sensible, se pasa fácilmente a la siguiente: no existe nada más allá de los datos de nuestra experiencia sensible».

Kant se pronunció rotundamente contra este tipo de planteamiento y denunció la falsedad que encerraba ese salto injustificado. Para Kant, la experiencia nunca puede demostrar que una causa no exista por el mero hecho de que ésta nunca pueda captarla, lo único que la experiencia enseña es que no podemos percibirla: «¿Quién puede demostrar la no existencia de una causa por medio de la experiencia —dice Kant en la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres—, cuando ésta no nos enseña otra cosa sino que no percibimos la causa?».

Así, al afirmar que la ciencia es el único modo de conocimiento objetivo válido, ella se convertirá en el criterio de verdad. De este modo, sólo podrá ser verdadero aquel conocimiento que se ajuste a los parámetros del conocimiento científico experimental. Pero al adoptar esta posición, el cientificismo incurre en una abierta contradicción, ya que las bases en las que se basa enl cientificismo —y también la propia ciencia— no son la conclusión de ninguna ciencia y, por consiguiente, carecen de validez si se le aplica el criterio de verdad cognoscitiva por él establecido. De este modo, el cientificismo se revela como un postulado injustificable y arbitrario.

ARGUMENTOS CONTRA EL CIENTIFICISMO
Podríamos definir el cientificismo como aquella postura que considera a las ciencias empíricas como el único medio por el cual podemos obtener explicaciones de lo que existe, y podríamos agregar también: de lo que “no” existe. Aquí quiero dar un par de argumentos para desechar esta actitud, y también para revalorizar ciertos modos de conocimiento no empíricos como válidos, aunque con un modo muy distinto de validez, claro está, pero válido a fin de cuentas. Mi objetivo es plantear la cuestión en forma básica, y para ello privilegiaré la claridad y la concisión en vez de la rigurosidad.

1. Argumento acerca de la esfera de validez de la ciencia


La palabra “ciencia” se reserva normalmente para aquellas disciplinas que utilizan como medio de comprobación de sus tesis, las observaciones empíricas —de los sentidos. Las observaciones empíricas versan sobre fenómenos físicos. Por tanto, las tesis científicas versan sobre los fenómenos físicos.


Por tanto, los métodos de la ciencia dicen relación con fenómenos físicos que son observables por medio de los sentidos. Por el contrario, la postura cientificista señala que la ciencia puede dar luces de explicaciones de todas las cosas a partir de los métodos de la ciencia empírica.A menos que consideremos que todo lo que existe se corresponde con fenómenos puramente físicos, la postura cientificista yerra en un error metodológico o de objeto formal.


2. Popper y el argumento acerca de la falsabilidad de las teorías científicas


Karl Popper, pensador del siglo XX, señala que las teorías científicas no pueden —al contrario de los que nos enseñaban en el colegio— ser verificadas, sino sólo falsadas. Esto lo dice al observar que las teorías científicas no se mantienen rígidas en el tiempo, sino que van siendo superadas por nuevas teorías científicas. A partir de esto, observa que las teorías que pueden ser superadas por nuevas teorías —teorías que son superadas a partir de nuevas observaciones— tienen la propiedad de que pueden dárseles argumentos en contrario de sus tesis para reemplazarlas por nuevas tesis. Por tanto, para que la ciencia pueda progresar, las teorías científicas deben ser susceptibles de ser falsadas. Si no pueden ser falsadas, no puede progresar la ciencia —y por tanto, la teoría “científica”, ya no es científica.


3. Argumento acerca de la inducción


La inducción es el método por el cual opera la ciencia. La inducción es un modo de razonamiento que permite obtener una conclusión general a partir de datos particulares. Por ejemplo: he visto que [1] el gato A es de color negro. Luego observé que [2] el gato B es de color negro. Finalmente, [3] el gato C también es de color negro. Luego mi conclusión es que todos los gatos son negros.


Para que la conclusión sea verdadera, se necesita conocer, en este caso, a todos los gatos, para ver si es verdad que todos los gatos son negros. De modo que la observación de estos tres gatos nos da no una verdad, sino una aproximación. A medida que más gatos observemos, nos aproximaremos más a la verdad. Se suma otra dificultad: aún si sabemos que todos los gatos son negros, no sabemos si más adelante nacerá otro gato que no sea negro —por el motivo que sea— o bien si siempre hubo gatos negro o bien, había otro tipo de gatos antes, por lo que nuestra teoría está sujeta a verificabilidad cada vez que nazca otro gato.


Dificultades como ésta —observa Popper— hacen que sea inadecuado atribuirle a la ciencia teorías verdaderas, y que la noción de falsabilidad es más adecuada para las posibilidades materiales de la ciencia, ya que nunca podemos tener una observación cabal de todos los fenómenos que necesitamos para “verificar” una teoría.


4.- Putnam y el argumento acerca del método científico


Hillary Putnam señala que las teorías científicas no pueden formalizarse de modo absoluto, y que en el quehacer científico, como en todo quehacer, existen siempre “modos de hacer las cosas” [know how] prácticos que no pueden formalizarse. Las teorías científicas, suponen ese “modo de hacer cosas” que no puede ser formalizado. Esto es lo que lleva al científico a juzgar adecuadamente a su par si hizo bien su trabajo, o el que lleva al historiador a juzgar si su par tiene o no tiene “criterio histórico”. Ese “criterio” supone un tipo de conocimiento práctico que no puede formalizarse. Desde este punto de vista, la ciencia siempre tiene a la base, un “criterio científico”, que es dispar entre los científicos. Por tanto, la calidad de una teoría científica no depende netamente de los datos y los conocimientos formalizados, sino de ese “criterio”, que depende de muchos factores exógenos.


5. Kuhn y el argumento de los paradigmas científicos


Para Kuhn, ciencia es un conjunto de compromisos de diverso tipo: ontológicos, teóricos, de creencias, etc. Por tanto, estos compromisos están dados por la comunidad de aquellos que hacen ciencias: los científicos. Por su parte, si nosotros buscamos “explicaciones verdaderas” en la ciencia, estas “explicaciones verdaderas” estarán determinadas por los compromisos que la comunidad de científicos determine. Los cuales, dicho sea de paso, suelen recoger también los compromisos que comparte la sociedad en general


6. Valoración de los argumentos anteriores


El primer argumento señala que no hay cómo entender que la ciencia de explicaciones satisfactorias de todas las cosas si su método se dirige a comprender sólo una parte de ellas: las cosas físicas. Este argumento es válido contra el cientificismo, siempre y cuando no identifiquemos todos los fenómenos que existen como fenómenos físicos. Si para nosotros todo se reduce a fenómenos físicos, entonces podremos aceptar que la ciencia puede dar explicaciones satisfactorias sobre todas las cosas.


Aún se acepte esta reducción teórica de los fenómenos existentes a fenómenos puramente físicos, la ciencia sólo da explicaciones parciales e incompletas. Parciales, porque sus teorías están sujetas a un estado de vigencia que depende de nuevas observaciones y nuevos estudios [Popper: verificabilidad vs. falsabilidad]. Incompletas, porque no cubre la totalidad del fenómeno a observar: el método inductivo.


Por otra parte, existe un amplio ámbito del trabajo científico que no está sujeta a ninguna formalización, ni siquiera lingüística, que es aquella que podemos definir como el “criterio científico” que está sujeto a una serie de variables —como por ejemplo, los compromisos que señala Kuhn.


Finalmente, siempre podrá hablarse que estas explicaciones están determinadas por los compromisos ontológicos, teóricos y de creencias de los científicos —Kuhn y los paradigmas científicos— por lo que las explicaciones serán siempre relativas a aquella forma de ver el mundo que los científicos acepten.


En conclusión, el cientificismo representa una posición totalizante, que quiere alcanzar una omnicomprensión de la realidad, pero que no puede hacerlo porque las categorías mediante las que opera la ciencia no se lo permiten. En este sentido, el cientificismo quiere posicionar a la ciencia como un saber trascendente y absoluto, emulando en cierto sentido a la fe. Sin embargo, el contenido de la ciencia posee un carácter contingente, de acuerdo al momento histórico y al conocimiento evaluado hasta la fecha actual.

En cuanto al primer argumento tratado en este texto: ¿Qué pasa con la conciencia, y los otros fenómenos subjetivos que se perciben a partir de ella? ¿Es posible reducir ese modo de percibir sólo a fenómenos físicos? ¿Qué es precisamente aquello que le da sentido a una emoción, por ejemplo? ¿El proceso químico o su padecimiento consciente por un determinado sujeto?

Históricamente el cientificismo pudo haber surgido por una confusión entre ciencia y teología. El teologismo tampoco es una opción sensata. La opción más cuerda sería tener consciencia de una adecuada separación racional de categorías [lógica, moral, ciencia]. La filosofía ha ayudado a esa separación —o “demarcación” al decir de Popper.

TIPO DE CIENTIFICISMO
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el cientificismo como una “doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción.”

Otra acepción que da este diccionario es: “Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas”; y otra acepción que da es: “Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.”


Esta definición del diccionario muestra que para el cientificismo el único paradigma verdadero y racional es la ciencia bajo su esquema o método científico. Si algo no cuadra con las creencias científicas establecidas, o si algo no está contenido bajo el dominio de los objetos apropiados para la investigación científica, o si no es compatible con el método científico, entonces el cientificismo dice que no es verdad o no es racional.


Para el cientificismo, entonces, todo lo que está fuera de la ciencia es un asunto de mera creencia y opinión subjetiva, para lo cual una evaluación racional es imposible. Considera que la ciencia, de manera exclusiva, es el modelo de excelencia intelectual.


Tipos de cientificismo: fuerte y débil.

De hecho existen dos tipos de cientificismo: el fuerte y el débil. 

El cientificismo fuerte plantea que la única manera en que una teoría es verdadera o racional es si, y sólo si, es una teoría científica o es una proposición científica. Esto significa, que dicha teoría contenga proposiciones establecidas bajo el método científico, formuladas, probadas, y experimentadas de acuerdo a la metodología científica apropiada para el caso. Para el fuerte, no existe ninguna verdad fuera de las verdades científicas, y aún si existieran, no existe ninguna razón para creer en ellas.

El cientificismo débil reconoce la existencia de verdades aparte de la ciencia, y están dispuestos a conceder que ellos podrían adquirir cierto conocimiento racional sin el soporte de la ciencia. Pero aún así el cientificista débil insiste en que la ciencia es el área más valiosa, más seria, y más autorizada del aprendizaje humano. Cualquier otra actividad intelectual es inferior a la ciencia. Más aún, ellos dicen que no hay virtualmente límites para el conocimiento científico. No existe un campo en el cual la investigación científica no pueda arrojar luz, o dar un soporte científico, o no pueda traer una explicación racionalmente aceptable. Y por tanto deberíamos tratar siempre de resolver todos nuestros dilemas a través del método científico. Por ejemplo, debemos resolver los problemas mentales utilizando sólo métodos de neurofisiología y ciencias computacionales.

Ahora bien, debemos señalar que los que defienden el cientificismo débil no están clamando meramente que, por ejemplo, podemos creer que el universo tuvo un comienzo, y que esta hipótesis, apoyada por argumentos filosóficos, gana un argumento extra si pudiésemos contar con evidencias científicas. Porque si yo tengo argumentos filosóficos para algo, y resulta que la ciencia refuerza mi punto con algunas evidencias, entonces incrementa la racionalidad del argumento en su aspecto empírico. Pero eso no es lo que el cientificismo débil implica, porque no acepta la idea viceversa, esto es, no acepta que el conocimiento científico se puede fortalecer con argumentos racionales filosóficos, sino que sólo la ciencia puede dar veracidad a los argumentos no científicos, pero no viceversa.

PROBLEMAS DEL CIENTIFICISMO


El cientificismo fuerte se refuta a sí mismo.


En primer lugar, el cientificismo fuerte se refuta a sí mismo. Un frase se refuta a sí misma cuando se refiere y nulifica a sí misma. Por ejemplo, si yo escribo lo siguiente: “No es posible para mi escribir una frase en el idioma español”, acabo de expresar una frase que se auto nulifica, porque al decir que no es posible escribir una frase en este idioma, la misma frase demuestra lo contrario. Otro ejemplo es decir “No existe la verdad”. Si esta frase es cierta, entonces acabamos de encontrar al menos una verdad, y es que “no existe la verdad”, pero al descubrir esta primera verdad, ya no puedo decir que no existe la verdad.


El cientificismo fuerte se refuta a sí mismo porque su proposición “no hay verdad fuera de la ciencia” no constituye una teoría científica sino una propuesta filosófica. Y el problema se agrava porque las proposiciones que se auto contradicen no son proposiciones falsas que pudieran llegar a ser verdad, sino que no es posible que sean ciertas. Toda proposición auto refutable es necesariamente falsa. Eso significa que por más descubrimientos científicos que tengamos en el futuro, esto no hará más aceptable el cientificismo fuerte, porque su proposición se nulifica a sí misma.


El problema de las presuposiciones filosóficas de las cuales parte la ciencia.


En segundo lugar, tanto para el cientificismo fuerte como para el débil, su propuesta no permite que la ciencia parta de presuposiciones que persigan ser demostradas por el método científico, porque como no han sido demostradas, no podemos partir de hipótesis porque sería partir de algo no comprobado científicamente. Por eso el cientificismo muestra en sí mismo ser un enemigo y no un amigo de la ciencia.


De hecho, tal y como explica Mario Bunge, la ciencia misma descansa en cierto número de tesis filosóficas que deben ser asumidas si se desea comenzar a trabajar a partir de algún punto. Cada una de estas presuposiciones puede ser desafiada, y la tarea de atacar o defender estas presuposiciones no es una tarea de la ciencia, sino de la filosofía. Las conclusiones de la ciencia no pueden ser más verdaderas que las presuposiciones sobre las que descansa y utiliza para alcanzar dichas conclusiones. El cientificismo fuerte excluye todas estas presuposiciones porque ni las presuposiciones ni los argumentos que las sostienen constituyen un asunto científico.


El cientifismo débil malinterpreta la supuesta fortaleza de la ciencia diciendo que las proposiciones científicas tienen más autoridad racional que las de otros campos del saber, como la filosofía. Esto significaría que las conclusiones de la ciencia son más ciertas que las presuposiciones filosóficas utilizadas por la ciencia para justificar y llegar a dichas conclusiones, y eso es un absurdo. J. P. Moreland cita a John Kekes en un fuerte argumento que derriba el cientificismo débil. 
«Un argumento exitoso para que la ciencia demuestre ser el paradigma de la racionalidad debe estar basado en la demostración de que las presuposiciones de la ciencia son preferibles a cualquier otra presuposición. Esa demostración requiere que la ciencia muestre, basada en estas presuposiciones, que es mejor resolviendo algunos problemas y alcanzando ciertos ideales que sus competidores. Pero demostrar esto no es una tarea de la ciencia. De hecho, es una tarea de la filosofía. Así, la empresa de justificar las presuposiciones de la ciencia demostrando con la ayuda de la filosofía que la ciencia es la mejor manera de resolver ciertos problemas y de lograr ciertos ideales es un prerrequisito necesario para justificar la ciencia. Entonces, la filosofía, y no la ciencia, es un candidato más fuerte para ser paradigma mismo de la racionalidad
Por supuesto, el argumento de Moreland es independiente del resto de sus ideas y podemos valorarlo por sí miso.

A continuación veremos una lista de algunas presuposiciones filosóficas de la ciencia. Recordemos que ninguna de estas presuposiciones son demostrables por la ciencia, sino que son paradigmas filosóficos a partir de los cuales la ciencia parte para comprobar si ciertos supuestos se corresponden con la realidad:


La existencia de un mundo exterior e independiente a nosotros mismos
Esto significa que la ciencia “asume” o parte de la presuposición de que el mundo existe objetivamente fuera de nuestros sentidos, y que no estamos viviendo bajo el engaño de nuestra mente o en una “Matriz” como el argumento de la película “The Matrix”.

La naturaleza ordenada del mundo exterior
La ciencia asume que existe un orden y no un desorden aleatorio en todo el universo. La ciencia no se preocupa por demostrar que ese orden es consistente en todo el universo, sino que lo da por sentado. Esto es filosofía, no ciencia.

El mundo exterior puede ser conocido
¿Cómo demostramos científicamente que el mundo exterior puede ser conocido? Simplemente lo damos por sentado, y lo tenemos como verdadero, sin hacerlo pasar por el método científico.

La existencia de la verdad
Como vimos antes, los escépticos radicales piensan que no existe una verdad y si existe, no puede ser conocida. Todo esto es del campo filosófico. La ciencia asume que existe, y no demuestra científicamente su existencia, sino que parte de esa premisa filosófica.

Las leyes de la lógica
La lógica estudia los problemas del movimiento hacia el conocimiento certero, las leyes del origen. Para la lógica, lo central es aclarar qué es una certeza y cómo se alcanza. La lógica no entra en definir que es verdad que es mentira, esos conceptos al tener cierta carga moral, son competencia del razonamiento. Por tanto, la ciencia no define que es verdad o mentira, define certezas, siendo estas indispensables para todas las ciencias. La filosofía es la disciplina que se encarga de enseñar a elaborar y proponer metodologías de cómo falsar las certezas firmes, a través de los razonamientos, ya sean deductivos, inductivos o abductivos.

La confiabilidad de nuestras facultades cognoscitivas y sensoriales que nos sirven como compiladores verdaderos y como fuente para justificar las creencias en nuestro entorno intelectual
Esto significa que la ciencia asume que nuestros sentidos son capaces de ayudarnos a comprobar ciertas verdades. De nuevo, esto no se trata de demostrar, solo se asume y partimos de ahí.

La suficiencia del lenguaje para describir al mundo
La ciencia parte de que el lenguaje humano es apropiado para describir la realidad y que es suficiente para interpretarla.

La existencia de valores morales usados en la ciencia
Por ejemplo, “el científico cree que debe probar sus teorías de manera justa y debe reportar sus resultados de manera honesta”. Esta asunción no se pasa por el método científico, simplemente se parte de la presuposición.

La uniformidad de la naturaleza y la efectividad de la inducción
La ciencia asume que el universo es uniforme, es decir, se comporta de igual manera bajo las mismas condiciones en todos sus puntos, y que por lo tanto puedo “inducir”, esto es, puedo llegar a conclusiones que apliquen a todo el universo bajo la observación de tan sólo una parte de él. De más está decir que es imposible para el hombre comprobar esto científicamente porque hay lugares del universo que ni siquiera conocemos, pero estamos asumiendo su uniformidad, y de ahí partimos.

La existencia de los números y las verdades matemáticas

Las matemáticas son anteriores a la propia ciencia empírica, y presuponen todo un ámbito de conocimiento que no es material y que, al mismo tiempo, es necesario para poder llevar a cabo el método científico.


La existencia de creencias verdaderas fuera de la ciencia
Un tercer problema que encontramos tanto para el cientificismo fuerte como débil es la existencia de creencias verdaderas y racionales fuera de la ciencia. 

El cientificista fuerte niega esta verdad y por lo tanto su postulado debe ser rechazado porque es contradictorio en sí mismo y porque podemos dar muchos ejemplos de conocimiento fuera de las ciencias fácticas. Por ejemplo, “el rojo es un color”; “torturar a los bebés es incorrecto”; “en este momento estoy pensando en la ciencia” son proposiciones que pueden ser creídas independientemente de la ciencia y que son más fácilmente justificables que otras creencias dentro de la ciencia como los que sostienen que “la macro-evolución ocurre a través de una serie de pasos muy pequeños”.


Ciertamente muchos postulados científicos deberán cambiar en el tiempo, como cuando Albert Einstein revolucionó la Física de Newton con su teoría de la relatividad. Pero será difícil ver a alguien decir lo mismo en el caso de proposiciones extra-científicas como las de: “torturar un bebé es incorrecto”.


Por eso, no podemos reducir todas las áreas del conocimiento al saber científico porque ni siquiera la ciencia opera bajo un paradigma científico, y necesariamente requiere de la filosofía para sus presuposiciones. Esto es lo que sucede cuando se pretende reducir los temas de la existencia o de la naturaleza de la mente a un problema del área de la ciencia.


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