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19 de julio de 2015

Una refutación del libertarismo





Si no me equivoco, uno de los principios básicos del libertarismo es el que dice que nuestro cuerpo —nuestro organismo físico— es literalmente nuestra propiedad como individuos. Podemos hacer con él lo que deseemos —siempre que no lo usemos para coaccionar la libertad de otros— hasta el extremo de que podemos dañarlo o destruirlo si así lo deseamos. Por esto, el libertarismo critica el hecho de que las leyes obliguen a que sea protegida la integridad física de cada persona, tanto si esta quiere protegerla como si no quiere —por ejemplo, están en contra de la obligación legal de ponerse casco al circular con moto.

Bien, yo estoy en  desacuerdo con este principio del libertarismo, pues de hecho lo considero empíricamente erróneo, lógicamente contradictorio y, además, inmoral.

Es empíricamente erróneo porque no hay diferencia real entre nosotros mismos y nuestro cuerpo. No es que nosotros tengamos un cuerpo, sino que somos un cuerpo. Somos un ente biológico con capacidad de sentir. A no ser que postulemos algún tipo de entidad espiritual que controla el cuerpo —algo que carece de cualquier evidencia que lo sostenga— entonces tendremos que aceptar que nuestra condición de individuos reside en nuestro cuerpo. Como no hay diferencia esencial entre nuestro cuerpo y nosotros mismos, resulta absurdo que nuestro cuerpo sea considerado "nuestra" propiedad. El concepto de propiedad implica que un sujeto posee un objeto. Pero no podemos ser legítimamente poseídos en propiedad por nadie porque no somos objetos, sino que somos sujetos —somos personas. El cuerpo de una persona es parte integrante de su personalidad; no de su propiedad.

Es lógicamente contradictorio porque si el fundamento básico de la moralidad es la libertad del individuo para autodeterminarse, entonces resulta contradictorio afirmar que es lícito el hecho de dañarnos o destruirnos a nosotros mismos —ya fuera intencionadamente o por negligencia— puesto que ese hecho violaría nuestra propia capacidad para autodeterminarnos. Resulta absurdo señalar que debemos respetar la autodeterminación del individuo y al mismo tiempo aceptar que esa autodeterminación puede ser usada para destruirse a sí misma. Una doctrina que parte de la libertad del individuo para autodeterminarse y decidir sobre su vida no puede servir para destruir deliberadamente esa misma libertad.

Es inmoral porque si la doctrina del libertarismo tuviera una base racional entonces tendría que aceptar la lógica y el principio de igualdad  que está basado en el principio lógico de identidad [A=A]. Esto significa que si consideramos que todo individuo tiene derecho a vivir libremente su propia vida mientras no viole la libertad individual de los individuos, entonces por la misma razón estamos obligados a respetar ese derecho también en nosotros mismos. Discriminarnos a nosotros mismos del respeto básico que todo individuo merece sería una flagrante violación del principio de igualdad.

Por todo esto considero que el libertarismo es una perversión del concepto de libertad; al igual que el igualitarismo es una perversión del concepto de igualdad y el bienestarismo una perversión del concepto de bienestar.

11 de julio de 2015

Libertad de expresión




Toda persona tiene derecho a expresar sus opiniones sobre cualquier cuestión, sean las que sean. Esto significa que no se le puede agredir ni coaccionar por manifestar sus ideas, por muy disparatadas que nos parezcan. 

Si alguien cree que está bien torturar a niños; tiene derecho a expresarlo y explicar por qué piensa de esa manera. El simple hecho de que nosotros no estemos de acuerdo o nos ofendan sus ideas no es una razón válida para coartar su derecho.

Esto se refiere a expresar ideas u opiniones. Esto entra dentro de la categoría de cosas (creencias, doctrinas, actos). Se debería poder emitir cualquier opinión sobre cualquier tema, fuera la que fuera.

No me he referido a hacer alusiones personales. Los juicios de valor sobre otras personas entran dentro de una categoría diferente, porque no hablamos sobre cosas (ideas, creencias, acciones) sino sobre personas.

La libertad de expresión no puede amparar violaciones de otros derechos. Éste es el único límite que posee. Pero para que unas palabras fueran consideradas como violencia ya no podrían ser opiniones; sino que serían claramente amenazas o agresiones coactivas. Esto no entra categorialmente dentro de la opinión.

Sin embargo, a menudo se intenta reprimir la libertad de expresion alegando que determinadas palabras son "ofensivas" o "violentas". Esto sucede a menudo con el problema de la religión.

Si, por ejemplo, alguien dice que odia a Israel o que odia el islam, eso no es una alusión personal en ningún sentido, por tanto no es legítimo limitar la libertad de expresión, o cualquier otro derecho, aunque se trate en efecto de violencia verbal (en el sentido de que se expresa odio) porque no amenaza ni coacciona a nadie y, por tanto, no es violencia personal (contra personas).

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