22 de octubre de 2014

Una reflexión sobre la diversidad





Si la "diversidad" (o la pluralidad o la variedad) fuera como tal un principio o un valor moral; entonces deberíamos aceptar y promover la tortura (o cualquier otra forma de abuso) para así ampliar la diversidad de experiencias.

Si la diversidad fuera un principio, entonces deberíamos fomentar que en determinadas zonas no sólo hubiera robos sino también violaciones y asesinatos. Porque eso aumenta la diversidad.

Si la diversidad fuera un valor, entonces no sería necesario el consentimiento de nadie para favorecer la existencia y el aumento de la diversidad. De la misma manera que la igualdad o los derechos no requieren el consentimiento de nadie para ser principios éticos legítimos que debemos aplicar y fomentar, pues son conceptos objetivos basados en la lógica.

El problema de fondo es que la diversidad no es un valor ni un principio moral. Pero a menudo se evoca como si el mero hecho de que hubiera diversidad fuera algo intrínsecamente bueno.

Sin embargo, la diversidad es un concepto moralmente neutro, de base númerica, que no nos dice nada acerca de si algo es bueno o malo. Habrá personas a las que le guste la diversidad, pero eso es un tema de gustos y no un criterio moral.

Por desgracia, nos gustan las palabras que evocan nociones agradables sin pararnos a pensar en si están justificadas o en lo que implican. Por suerte, no todos se dejan llevar así.

26 de septiembre de 2014

Noctambulismo


En este ensayo me gustaría exponer una breve reflexión sobre la condición de noctambulismo. Si bien, antes considero que es apropiado aclarar sobre qué estamos hablando exactamente.

En primer lugar, he de señalar que al parecer existe una habitual confusión entre noctambulismo y sonambulismo. Si uno busca artículos sobre este tema comprobará que en muchos de ellos se utilizan erróneamente ambos términos como sinónimos. Pero no tienen nada que ver.

El noctanbulismo es la condición de la persona que de forma natural —sin condicionamiento cultural o circunstancial— tiende a estar despierta por la noche y a dormir en las horas diurnas. Esto es, lo contrario de la tendencia diurna natural de la gran mayoría de la humanidad. 


En cambio, el sonambulismo es un trastorno que hace que la gente que está dormida se levante en pleno sueño —sin importar si es de día o de noche— y actúe andando y realizando actividades sin despertarse, lo cual puede conllevar peligros para su vida y la de los demás.


Tampoco conviene confundir el noctambulismo con la insomnia o la dificultad para dormir. Un insomne es alguien que tiene problemas graves respecto del hecho mismo de conciliar el sueño, debido a algún desarreglo físico o psicológico. Pero un noctámbulo no es insomne. El noctámbulo, por lo general, duerme perfectamente durante el día, a pierna suelta. Aunque un noctámbulo puede padecer ocasionalmente de insomnia, se trata no obstante de dos estados categorialmente diferentes.


Otra aclaración: el noctámbulo tampoco es sinónimo de vespertino. El vespertino es la persona de tendencia diurna pero que, a diferencia de los diurnos madrugadores, no le gusta despertarse en la mañana temprana y prefiere levantarse en las horas previas del mediodía y se encuentra mucho mejor desarrollando sus actividades durante la tarde y ya entrada la noche. Son personas que tienen preferencia a acostarse a unas horas más tardías, habiendo pasado la medianoche, pero que sin embargo no poseen una inclinación a estar despiertas durante toda la noche y hasta después del amanecer, como sería el caso de los noctámbulos.


Una persona noctámbula lo es biológicamente. El noctambulismo no es una decisión personal ni es un "estilo de vida" elegido de forma voluntaria. El noctambulismo es una condición inherente del individuo, al igual que lo es la orientación sexual o el sexo biológico. Es decir, es una característica que proviene de la configuración de nuestro cerebro, no de elecciones o experiencias vitales.


Por supuesto, no estamos hablando de estados rígidos y absolutos sino que nos referimos a tendencias. Cada individuo se aproximará en mayor o menor medida a alguno de los promedios señalados entre la mañana, la tarde y la noche.



Al igual que sucede en el caso de los homosexuales —o en general con gente que no es heterosexual— el noctámbulo es visto como alguien extraño o que padece algún trastorno. Pero esto es una creencia falsa. Los noctámbulos viven y rinden igual que los diurnos, salvo por la peculiaridad de que lo hacen mucho mejor por la noche que por el día —al contrario que las personas de naturaleza diurna. Dado que vivimos en una sociedad y una cultura diurnas, quienes contradigan este canon establecido padecerán incomprensión e incluso rechazo.

Algunos artículos afirman que los noctámbulos suelen tener peor salud que la gente 'normal'. Pero en realidad el perjuicio para la salud sólo puede ocurrir en el caso de que alguien que no fuera de naturaleza noctámbula eligiera o se viera obligado a llevar un horario activo por la noche y tener que dormir durante el día. La persona de naturaleza diurna que se dedique a estar despierta por la noche no es un noctámbulo; es un diurno trasnochador. Los estudios realizados al respecto tienen sentido respecto de este colectivo de personas diurnas que circunstancialmente permanecen despiertas durante la noche.


Los noctámbulos no tienen por qué tener peor salud que el resto de personas. Aunque pudiera ocurrir, por ejemplo, que alguien que no se exponga nunca al sol padezca deficiencia de vitamina D; un noctámbulo puede tomar el sol durante las horas del amanecer —o a cualquier otra hora que le convenga. Ser noctámbulo tampoco significa ni implica tener alergia al sol ni nada parecido. Y, en cualquier caso, existe además la opción de tomar suplementos alimenticios.


Por otra parte, no es cierto que los diurnos sean intrínsecamente más felices que los noctámbulos. Sólo sucede que resulta más dificultoso para un noctámbulo vivir en una sociedad diurna, dado que no coincide con su propio cronotipo, frente a quienes poseen la tendencia natural de estar activos de día y dormir por la noche. Muchas personas de condición noctámbula sufren durante toda su vida el tener que adaptarse a un horario diurno y jamás dejan de tener problemas por este motivo precisamente debido a que su inclinación natural es la de estar despiertos por la noche e irse a dormir después en las horas del amanecer.


Tampoco es cierto que el noctambulismo esté necesariamente asociado a tener una personalidad sombría, introvertida o depresiva. No hay relación. Ni tiene por qué agradarle obligatoriamente la subcultura gótica y otras manifestaciones culturales que rinden culto a la noche y la oscuridad.

Un noctámbulo puede ser divertido, simpático y amigable como cualquiera. El único problema es que el horario normalizado en la sociedad no coincide con su ritmo circadiano y eso puede afectar perjudicialmente al desarrollo de su personalidad. Aparte, el noctámbulo que consiga adaptar la rutina de vida a su propia naturaleza se encontrará con que no resulta fácil encontrar ocasiones para la extroversión cuando la mayoría de la gente se dedica a dormir mientras él está despierto, excepto quizás para aquellos que se dediquen a actividades de ocio y entretenimiento nocturnas.


Existen otros prejuicios contra el noctambulismo, aún bastante peores, como el de asociar el noctambulismo con cierta clase de maldad. Existe la idea de que si alguien elige está despierto por la noche es que trama algo contra los que duermen. Tradicionalmente, las conspiraciones se han escenificado sucediendo siempre durante las horas nocturnas, para evitar así ser descubiertas. Y ya sabemos que algunos delincuentes aprovechan la oportunidad de la noche para cometer delitos. La nocturnidad es un agravante en muchos códigos penales. Sin embargo, parece claro que esas actividades se realizan en la noche simplemente por razones instrumentales o circunstanciales.

No hay prueba que relacione el noctambulismo con alguna inclinación a la maldad. ¿Acaso la gente diurna no comete crímenes? Tampoco hay evidencia que señale un mayor porcentaje de criminales o violentos entre los noctámbulos, ni existe argumento alguno que explique siquiera por qué debiera haber semejante conexión.

Por otra parte, recientemente se han publicado varios estudios señalando que «los noctámbulos son más inteligentes que los madrugadores». Me parece que esos estudios no serían muy rigurosos, pues confunden, como casi siempre, correlación con causalidad, y además tampoco diferencian bien entre noctámbulos y gente que tiene una inclinación vespertina.

No sabemos por qué algunos seres humanos son noctámbulos. Hay hipótesis al respecto de todo tipo; algunas bastante curiosas o extrañas. En los seres humanos, al igual que el resto de primates, lo habitual es tener una tendencia diurna. Pero en otros animales, como es el caso de búhos y murciélagos, su condición natural es la de estar despiertos por la noche y dormir durante el día. Recientes investigaciones señalan una mutación genética que favorece un cronotipo diferente. El hecho de que haya humanos noctámbulos puede ser una desventaja individual dentro de una sociedad diurna, pero a toda sociedad le conviene que haya algunos individuos que estén despiertos por la noche para realizar labores especiales de vigilancia o mantenimiento.

Es probable que muchas personas nocturnas, especialmente las más jóvenes, no hayan tomado conciencia de su personalidad noctámbula y crean que se debe a una cuestión de hábitos o a un problema de insomnio, pero esta conclusión se deriva de un error surgido de la falta de conocimiento sobre esta tendencia inherente a la naturaleza del individuo.

Creo que sería más saludable para todos el tomar conciencia del hecho de que alguien es noctámbulo, en el caso de que realmente lo sea, y tratar de vivir lo mejor posible de acuerdo a esta condición, en lugar de pensar equivocadamente que se padece algún supuesto trastorno que no existe en verdad.


Termino con estas palabras del blog IronShrink, escrito por un psicólogo de condición noctámbula:

«Los hábitos de sueño no definen a una persona. [...] En cuanto a mí, ahora está amaneciendo, lo cual significa que es hora de irme a dormir.» 

23 de agosto de 2014

Feminismo: respetar a las mujeres como personas




No es necesaria una negativa.

Si una persona no ha dado su consentimiento libre, voluntario, explícito, e informado, entonces no es legítimo usarla para nuestro beneficio o para lograr algún propósito. 

De lo contrario estaríamos tratándola como si fuera un objeto, que carece de voluntad e intereses propios.

26 de junio de 2014

La religión es inmoral





Acerca de la veracidad de que realmente exista aquello que llaman "dios", nadie tiene ni la más mínima prueba. Al contrario, la lógica y las evidencias empíricas demuestran que no hay ni puede haber tal cosa. Por tanto, toda religión —incluso aquellas que se pretenden benevolentes y pacíficas— serían actos de violencia contra nuestra razón; contra la realidad.

La religión es la mentira que ha sido alzada a la categoría de verdad obligada, cuyo fundamento es el miedo y su objetivo es el de someter las mentes de las personas al servicio de clérigos y gobernantes.

A mi juicio, el origen de la religión se esclarece mejor con la explicación psicológica. Es decir, si no fuera por el miedo a la muerte, y la desesperación que provocan las calamidades que padecemos en la vida, la religión no existiría.

La supervivencia es la clave. La religión funciona como lo que hoy en día denominamos terapia motivacional. Si un individuo cree que existe un dios o un paraíso que le solucionará todos sus problemas, miedos y necesidades; esa creencia le sirve para afrontar con más entereza las vicisitudes y penurias de la vida. Funciona de forma más compleja, claro, pero la esencia es ésta

La religión es un trastorno mental surgido en la imaginación y motivado por la incapacidad para digerir lo que son experiencias inherentes a la vida real, y por eso se crean fantasías sobre mundos y seres inexistentes con el fin de satisfacer deseos insatisfechos o aliviar resentimientos. 

Por ejemplo: unos padres pierden a su hijo en un accidente y se consuelan pensando que un dios ha elegido ese destino por alguna buena razón que desconocen y que su hijo sigue existiendo en otra dimensión y es feliz allí. Una pura y simple mentira para aliviar su tristeza. Y así millones de ejemplos en todo el mundo.



«Me pica la curiosidad porque la gente se vuelve fanática religiosa: ¿Miedo atroz a estar solos en la vida y buscan desesperadamente pertenecer a un grupo sólo por tener compañía? ¿Miedo atroz a la muerte y buscan desesperadamente que alguien les diga que seguirán conscientes por toda la eternidad así no tenga prueba alguna? ¿Miedo atroz a un mundo muy complejo, caótico e impredecible, y buscan desesperadamente algo que le de simpleza, orden y predictibilidad?  ¿Tienen una vida vacía, patética, sin sentido, lastimosa y quieren ocultar todo eso bajo una máscara de fe? ¿Miedo atroz al que dirán los miembros de su grupo de fanáticos y entonces se vuelve más fanático para ganar "mas respeto"?»
https://www.meneame.net/story/judios-ultraortodoxos-atacan-autobus-jerusalen



La religión se basa en la fe. La fe consiste en que debes creer algo sin tener ningún tipo de evidencia o prueba que lo demuestre. De hecho, a menudo consiste en creer algo que va contra las evidencias empíricas y la razón, sólo porque te lo dice un libro "sagrado" o una autoridad que dice basar su legitimidad en un supuesto dios. Esto es violencia, y así es como la religión empieza a pervertir la mente de quienes son adoctrinados en ella. La religión es violencia en sí misma.




http://es.wikipedia.org/wiki/Crítica_a_la_religión

http://www.bibliotecapleyades.net/mistic/religion_goodevilsp.htm

9 de mayo de 2014

Razonar vs. Racionalizar



No es lo mismo razonar (formar nuestras creencias de acuerdo a lo que dicen exclusivamente la lógica y los hechos) que racionalizar (seleccionar de forma sesgada aquellos argumentos y datos que supuestamente avalan nuestros prejuicios e ideas previas). Mucha gente cree estar haciendo lo primero, cuando en realidad hace lo segundo.

Racionalizar no es razonar sino que es un pseudo-razonar. Es decir, parece que estamos razonando pero no lo hacemos. Porque razonar significa sacar sólo aquellas conclusiones derivadas necesariamente de la lógica y los hechos empíricos comprobados. En cambio, racionalizar significa escoger sólo aquellos hechos y argumentos en función de que confirmen o se adecuen a nuestras ideas previas, al mismo tiempo que ignoramos deliberadamente aquellos que las refuten. 

17 de abril de 2014

Cientificismo en versión religiosa

 



¿Se ha convertido la tecnología en el culto de una nueva religión? Todo lo que prometían las religiones —ancestrales y modernas— se convierte ahora en el objetivo de ciertos ideales que aseguran que nos conseguirán la inmortalidad, el paraíso y el poder absoluto sobre la naturaleza que las otras religiones prometen pero no cumplen. A esto lo podríamos llamar cientificismo religioso —en contraposición al cientificismo epistemológico y al cientifismo moral.

Ya no es algo raro que aparezcan en la prensa noticias en esta línea:
«El director de ingeniería de Google, Ray Kurzweil, cree que la humanidad tendrá las claves para transcender los límites de su biología tras la década del 2030, cuando los 'nanorobots' incorporados en el cuerpo humano permitirán combatir enfermedades. Ray Kurzweil cree que la humanidad está a punto de alcanzar el sueño de la inmortalidad.»
Si esta versión del cientificismo promete la inmortalidad podría ser catalogado dentro de la categoría de religión, pues entiendo que lo esencial a la religión es el concepto de sobrenatural, es decir, la noción de una realidad que contradice las leyes de la naturaleza. Este cientificismo promete que el conocimiento aplicado a la tecnología erradicará las enfermedades, la muerte y todas nuestras limitaciones físicas. Esta ideología promete nada menos que el Paraíso. Esto es la esencia de la religión: trascendencia sobre la naturaleza.

Pocas veces esta versión del cientificismo pone las cartas sobre la mesa con sinceridad. Sin embargo, podemos escuchar estas declaraciones reales del conocido físico Michio Kaku:
«Hacemos ciencia porque queremos convertirnos en los amos del espacio y el tiempo.» 



Esto puede resultar chocante para quienes entienden que ciencia y religión son ámbitos antitéticos —como es mi propio caso— pero hay que tener muy claro que estoy hablando de la ciencia en sí sino que hablo sólo del cientificismo. 

No hablo de la ciencia como tal sino que me refiero a determinada actitud hacia ella y su aplicación tecnológica. Hablo de científicos de renombre que prometen todo lo que promete la religión. Pero insisto de nuevo que no estoy hablando de la ciencia sino de una ideología concreta que nombro como cientificismo religioso y que consiste, básicamente, en creer que la ciencia nos permitirá lograr el poder absoluto sobre la naturaleza y trascender todos los límites materiales a los que estamos sometidos. 

Por tanto, no pretendo debatir en absoluto esa cuestión que alegan alguna acerca de que la ciencia estaría basada en la fe o en dogmas —algo con lo que no estoy de acuerdo. No se trata de una cuestión epistemológica sino más bien teológica. Esto es, algunos creen realmente que la ciencia nos puede conducir hacia un estado futuro que se define por aquello a lo que tradicionalmente llamamos Dios.

Esta peculiar concepción de la divinidad ha sido estudiada entre otros por Don Cupitt, quien señala cómo la fe en el progreso tecnológico está sustituyendo la tradicional fe en la magia y la superstición. Cupitt habla también de la idea de Dios como un ideal al que aspirar en lugar de una entidad con existencia real propia. Quien quiera conocer el pensamiento de Cuppit puede encontrar una breve entrevista en el libro "Lo que piensan los filósofos".

La idea de lograr una perfección progresiva a través del devenir del tiempo viene ya expuesta desde el historicismo de Hegel y hunde sus raíces en determinados pensadores de la Ilustración, como sería el caso de Condorcet. Aunque es obvio que ya existían precursores en la época del Renacimiento, como Pico della Mirandolla,  con su giro antropocéntrico.

En resumen: existe una visión cientifista que considera la ciencia —y su extensión en la tecnología— no es ya una simple herramienta sino un instrumento de salvación que sustituye a la religión

25 de marzo de 2014

La defensa de la ciencia no da derecho a insultar





Tal vez uno de los factores sociales que acrecientan el movimiento anti-vacunas —y otras tendencias irracionales— sea la muy habitual práctica de despreciar e insultar a la gente por parte de los escépticos y demás gente que defiende la ciencia o el pensamiento crítico.

Si insultas a otras personas —simplemente por tener ideas equivocadas— sucederá que ya no querrán escucharte y las condicionas a adoptar una actitud defensiva. En cambio, si las tratas con respeto estarán más abiertas a escuchar y replantear su postura. Aparte de que toda persona, por el hecho de ser persona, merece un respeto básico, y eso incluye no agredirles verbalmente, entre otras cosas.


Tal vez sepan mucho sobre ciencia, pero de ética —de tratar a las personas con respeto— y de comunicación parecen saber muy poco. Me refiero en general a los autodenominados escépticos y similares.


15 de marzo de 2014

¿Sabemos dialogar?


El profesor Ángel Lafuente explica las dificultades a la hora de dialogar y cómo conseguir establecer una comunicación basada en racionalidad y el respeto.





Consejos para dialogar:

1. No interrumpir
2. No buscar excusas
4. Aportar argumentos razonados
3. Focalizar en el mensaje; no en el interlocutor
4. Exponer de forma clara y concisa
5. Ser agradable

9 de marzo de 2014

Valores morales




Comentario:

La moral social (el código de costumbres aceptado y promovido por pautas de una comunidad) se opone a la moral ética, es decir, a basar nuestra moral en razones y no en simples costumbres, inercias y prejuicios adquiridos desde la infancia.

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