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22 de octubre de 2014

Una reflexión sobre la diversidad





Si la "diversidad" (o la pluralidad o la variedad) fuera como tal un principio o un valor moral; entonces deberíamos aceptar y promover la tortura (o cualquier otra forma de abuso) para así ampliar la diversidad de experiencias.

Si la diversidad fuera un principio, entonces deberíamos fomentar que en determinadas zonas no sólo hubiera robos sino también violaciones y asesinatos. Porque eso aumenta la diversidad.

Si la diversidad fuera un valor, entonces no sería necesario el consentimiento de nadie para favorecer la existencia y el aumento de la diversidad. De la misma manera que la igualdad o los derechos no requieren el consentimiento de nadie para ser principios éticos legítimos que debemos aplicar y fomentar, pues son conceptos objetivos basados en la lógica.

El problema de fondo es que la diversidad no es un valor ni un principio moral. Pero a menudo se evoca como si el mero hecho de que hubiera diversidad fuera algo intrínsecamente bueno.

Sin embargo, la diversidad es un concepto moralmente neutro, de base númerica, que no nos dice nada acerca de si algo es bueno o malo. Habrá personas a las que le guste la diversidad, pero eso es un tema de gustos y no un criterio moral.

Por desgracia, nos gustan las palabras que evocan nociones agradables sin pararnos a pensar en si están justificadas o en lo que implican. Por suerte, no todos se dejan llevar así.

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