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2 de marzo de 2018

Una aclaración sobre la ideología



Considero errada la creencia que dice que debemos dejar a un lado la "ideología" y basar nuestras decisiones solamente en la ciencia. Afirmar esto me parece erróneo porque la ciencia en ningún caso prescribe valores ni dice que debamos hacer tal cosa en lugar de otra. La ciencia en el mejor de los casos se limita extensivamente a describir —la ciencia describe entidades y hechos concatenados— pero de ningún modo la ciencia puede establecer un criterio moral para diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. La ciencia no puede juzgar nada, y, por tanto, no puede juzgar, por ejemplo que la violencia sea incorrecta; sólo puede describir aquellos hechos concatenados que nosotros denominamos violencia. Contraponer el "enfoque científico" al "enfoque ideológico" como paradigmas enfrentados se trata de una dicotomía falaz, pues la ciencia no puede existir sin articularse mediante un previo aparato conceptual, el cual puede calificarse perfectamente como una ideología o sistema de ideas. La ciencia es producto de una ideología específica basada en posiciones ideológica como el racionalismo, el empirismo y el materialismo.

Lo que sí podríamos decidir es pasar de una ideología irracional basada en dogmas y prejuicios a una ideología racional basada en la lógica y las evidencias empíricas; pero nunca vamos a salir de la ideología si queremos establecer juicios de valor. Ideología es sinónimo de sistema de ideas, y sin un sistema de ideas acompañado de valores no se puede juzgar, por ejemplo, que la igualdad sea preferible al sexismo. La ideología y la ciencia no se contraponen, no son antónimos, sino que pertenecen a categorías diferentes. De hecho, la ciencia misma se fundamenta originariamente en una ideología o sistema ideológico —tal y como explica Mario Bunge y otros filósofos de la ciencia— del cual se ha obtenido como producto aquello que conocemos como método científico.

Es imposible realizar juicios sobre la realidad sin atender a un sistema de ideas; a una teoría organizada. Todo el mundo tiene asumida una ideología, ya sea de forma consciente o inconsciente. Sólo ocurre que algunos creen que su ideología es un contenido "natural" que surge espontáneamente, y no se dan cuenta, o no les interesa reconocer, que su forma de pensar es también en parte el producto de una construcción cultural de la misma manera que lo es aquello que denominan "ideología". Como digo, para poder realizar valoraciones y jucios morales es necesario disponer de un aparato conceptual, por rudimentario que fuera, que nos permita deducirlos.

Así que, a mi modo de ver, nunca vamos a salir de la ideología y sólo nos queda intentar que nuestra ideología asuma una tendencia hacia la racionalidad —articulada en un sistema de pensamiento que acepta la duda y la investigación— o, de lo contrario, asumir una ideología irracionalista articulada dogmáticamente mediante un sistema cerrado de ideas. De este modo, podemos intentar que nuestra ideología tenga en cuenta los resultados de la ciencia a la hora de establecer razonamientos y conclusiones, o podemos decidir que la ciencia no tenga un papel relevante en ella. Pero si alguien cree realmente que puede abandonar la ideología para interpretar el mundo, y que sólo necesita la ciencia, entonces ya ha asumido previamente una ideología denominada cientifismo que se caracteriza por usar la ciencia para intentar hacerse prevalecer frente al resto de ideologías y establecer un sistema de valores alegando que es lo que "la naturaleza" prescribe por sí misma. Un ejemplo particular de cientifismo sería el darwinismo social. El cientifismo no es ciencia ni se fundamenta en la ciencia sino que es una posición ideológica que utiliza la ciencia fraudulentamente para intentar dotarse de credibilidad y hacer creer que no es una ideología como las otras, cuando sí lo es.

El desprecio a la ideología es paradójicamente un recurso ideológico a su vez. Lo único que no es propiamente ideológico sería de hecho la lógica, que existe de forma autonóma e independiente, así como las percepciones empíricas de nuestros sentidos, que incluirían también lo que conocemos como instintos y emociones. Sólo la lógica pura y la sensación no entrarían dentro de la esfera ideológica del pensamiento. Lo que debemos examinar pues, desde una perspectiva racional, es si la ideología que asumimos corresponde con la lógica y los datos empíricos que no dependen de ninguna evaluación subjetiva para subsistir.

Por todo ello, pienso que sí podemos construir una ideología o sistema de ideas que aspira a la racionalidad, y tiene en cuenta a la ciencia como un instrumento relevante para conocer el mundo, pero que deberíamos tener conciencia de que no podemos salir de la visión ideológica si pretendemos hacer algo más que describir meros hechos y, también, evitar caer de nuevo en alguna forma de irracionalismo cientifista que use a la ciencia como excusa para intentar imponerse.

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